martes, 18 de julio de 2017

Los cristianos primitivos y el divorcio

En el cristianismo moderno hay una variedad de entendimientos sobre cuál debe ser la postura cristiana respecto al divorcio. En apoyo de una u otra posición, se han publicado numerosos libros y comentarios con más o menos grado de interés y acierto. Pero disponemos de unos comentarios que merecen poderosamente nuestro interés. Nos referimos a los comentarios de los cristianos primitivos. El interés de estos escritos no se puede exagerar si lo comparamos con los comentaristas actuales. 

Sus escritos registraron las creencias practicadas universalmente por los cristianos después de la muerte de los apóstoles. Esto es de mucha transcendencia porque nos revela el “curso de acción” de las primeras generaciones de cristianos en cuanto a sus ordenanzas y su aplicación de mandamientos bíblicos. Es decir, se trata de los comentarios cristianos más próximos en el tiempo a las enseñanzas originales de Jesucristo y, por esa razón, los más fiables.

También es muy importante fijarnos en la motivación que tenían al escribir. ¿Intentaban establecer enseñanzas que justificaran sus actos o preferencias doctrinales, como sucede con algunos comentaristas actuales? ¿O más bien los movía un interés genuino y sincero de transmitir la verdad de Cristo? Los escritores primitivos demostraron su honestidad e integridad de su fe, y esto lo vemos al acercarnos a sus vidas y constatar su disposición a renunciar a todo por Cristo; a sufrir encarcelamientos, torturas e incluso la muerte.

Veamos el testimonio de los cristianos primitivos sobre el divorcio y las segundas nupcias:

“Sobre la castidad, [Cristo] dijo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio en su corazón. Si tu ojo derecho te escandaliza, arráncatelo y tíralo; porque más te vale que se pierda uno de tus miembros que no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno (Mt 5:28-29). Y el que se casa con una divorciada de otro marido, comete adulterio (Mt 5:32) (...). Así, para nuestro Maestro, no sólo son pecadores los que contraen doble matrimonio conforme a la ley humana, sino también los que miran a una mujer para desearla. No sólo rechaza al que comete adulterio de hecho, sino también al que lo querría, pues ante Dios son patentes tanto las obras como los deseos. Entre nosotros hay muchos y muchas que, hechos discípulos de Cristo desde la niñez, permanecen incorruptos hasta los sesenta y los setenta años, y yo me glorío que los puedo mostrar de entre toda raza humana.” (Justino Mártir, 160 d.C.)

“Todos los que han estado casados en dos ocasiones por la ley humana, son pecadores a la vista de nuestro Maestro.” (Justino Mártir, 160 d.C.)

“…o hay que permanecer tal como uno nació, o hay que casarse una sola vez. El segundo matrimonio es un adulterio decente. Dice la Escritura: “el que deja a su mujer y se casa con otra, comete adulterio” (Mt 19:9; Mc 10:11), no permitiendo abandonar a aquella cuya virginidad uno deshizo, ni casarse de nuevo…” (Atenágoras, 177 d.C.)

“Que la escritura aconseja el matrimonio y no permite deshacerse de tal unión  expresamente está contenido en la ley, “No repudiarás a tu esposa, excepto por  causa de fornicación.” Esto se refiere a la fornicación del matrimonio del cónyuge separado mientras que el otro está vivo… El que toma una mujer  repudiada, comete adulterio.” (Clemente de Alejandría, 195 d.C.)

“Siendo un hereje, por su  misma naturaleza… mantiene matrimonios repetidos.” (Tertuliano, 197  d.C.)

“El Señor sostiene más agradable que el matrimonio no debería contraerse, que el que nada debe disolverse. En resumen, Él prohíbe el divorcio, excepto por causa de fornicación.” (Tertuliano, 205 d.C.)

“Cristo prohíbe el divorcio, diciendo: "El que repudia a su mujer y se casa, comete adulterio. Y cualquiera que se casa con una mujer repudiada por su marido también comete adulterio." Con el fin de prohibir el divorcio, Él declara ilegal casarse con una mujer que ha sido repudiada.” (Tertuliano, 205 d.C.)

Sostengo, pues, que había una condición en la prohibición que ahora hacía del divorcio: el caso en cuestión era que un hombre repartía a su esposa con el propósito expreso de casarse con otra... Es decir, la razón por la cual una mujer no debe ser despedida - para obtener otra esposa... Permanente es el matrimonio que no está bien disuelto. Por lo tanto, casarse mientras el matrimonio no se ha disuelto es cometer adulterio. Dado que, por lo tanto, su prohibición del divorcio era condicional, Él no lo prohibió absolutamente. Y lo que Él no prohibió en absoluto, e permitido en algunas ocasiones - cuando hay una ausencia de la causa por la que Él dio su prohibición. (Tertuliano, 207 d.C.)

“Lo que Dios juntó, no lo separe ningún hombre… ni magistrado ni ningún otro poder. Porque Dios, quien los juntó, es mayor en poder que todo lo demás que uno pudiera nombrar o aun imaginar.” (Orígenes, 225 d.C.)

“Ahora, contrario a lo que fue escrito, algunas de las reglas de la  iglesia han permitido a una mujer casarse mientras su esposo estaba vivo, obrando contrario a lo que estaba escrito: Una mujer casada está sujeta todo el  tiempo que su esposo viva.” (Orígenes, 245 d.C.)

“Una esposa no debe separarse de su esposo. O si se  separa, debe permanecer sin casarse.” (Cipriano, 250 d.C.)

“El que se casa con  una mujer divorciada es un adúltero.” (Lactancio, 304-313 d.C.)



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¿Qué dice la Biblia sobre el divorcio y el recasamiento?



¿Permite 1 Corintios 7:15 casarse de nuevo?

Algunos apuntan a 1 Corintios 7:15 para decir que los cristianos pueden divorciarse y casarse de nuevo en el caso de que su actual cónyuge sea incrédulo y este tome la iniciativa de separarse. Pero ¿Es correcta esa interpretación? ¿Qué mensaje transmite el versículo y su contexto?

"10 Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido;
11 y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer.
12 Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone.
13 Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone.
14 Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos.
15 Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios.
16 Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer?" (1 Corintios 7:10-16)
Aunque no se dice, es posible que los versículos 10 y 11 estén dirigidos a los matrimonios donde ambos son cristianos; pero aún siendo así, en modo alguno significa que los principios generales que contienen las palabras de Jesús en estos versículos no apliquen también a los matrimonios mixtos. Analicemos y comparemos el mandato del Señor (10-11) con lo que dice Pablo (12-16)

El Señor manda a los casados que no se separen de sus cónyuges, pero si aún así se separan se han de quedar sin casar (10-11). Pablo dice (no el Señor) a los cristianos que tienen cónyuges incrédulos que no lo abandonen (12-13), pero si el cónyuge incrédulo decide separarse, entonces quedan libres de sus responsabilidades matrimoniales y entran en una estado de mayor paz (15). Podemos pensar que Pablo habla bajo inspiración en lo que dice en todo este capítulo, pero si él mismo diferencia entre el mandato del Señor de lo que a continuación él opina, debemos entender que reconoce más autoridad a las palabras que el Señor le ha revelado, que a su propia opinión.

1.- En los versículos 10 al 16, el objetivo que persigue tanto el mandamiento Señor como la opinión de Pablo es la no separación de los cónyuges, describiendo los beneficios que ello comporta (14 y 16). Utilizar este pasaje para buscar un motivo para divorciarse y casarse de nuevo es justamente hacer lo contrario para lo cual se escribió.

2.- Justo entre los versículos 14 y 16 que describen los beneficios para no separarse del cónyuge incrédulo, está el versículo 15, que dice: “si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios” ¿Enseña este versículo que el cónyuge creyente está libre para casarse de nuevo? NO. Sólo dice que si el cónyuge incrédulo se separa el cónyuge creyente, este debe aceptar la separación. Que el cónyuge creyente acepte la separación de ningún modo significa que tiene libertad para casarse de nuevo, como muy bien se ejemplariza en las palabras del Señor del vers. 11 donde con la expresión “si se separa, quédese sin casar”, queda manifiesto que bajo el punto de vista de Dios la separación matrimonial no conlleva la libertad para casarse de nuevo.

3.- En los versículos 12 al 16 Pablo argumenta a favor de salvaguardar el matrimonio, no a romperlo. Sólo cuando el cónyuge incrédulo decide separarse, entonces el cónyuge creyente debe aceptar la separación y dejar de luchar por conservar el matrimonio ¿Con qué propósito? ¿Para casarse de nuevo? NO, sino para dejar de estar sujeto a la servidumbre que conlleva el matrimonio, alcanzando un estado de mayor paz. La misma razón que Pablo apunta va en contra de la idea de permitir un nuevo matrimonio ¿Cómo el cónyuge creyente va a experimentar esa paz si después decide sujetarse a la servidumbre de un nuevo matrimonio? Es evidente que Pablo no pensó en conceder al creyente la libertad para casarse de nuevo; primero, porque no lo dice, y segundo porque esa idea iría precisamente en contra de lo que sí dice; que es, estar libre de las responsabilidades del matrimonio.

4.- Si Pablo hubiera tenido la intención de declarar una nueva excepción para divorciarse y casarse de nuevo lo hubiera dicho con total claridad. Sería inverosímil que un aspecto tan importante lo dejara a la interpretación personal de cada uno; sobre todo, cuando se tiene en cuenta que en el versículo 39 dice: “La mujer casada está ligada por la ley mientras su marido vive; pero SI SU MARIDO MURIERE, LIBRE ES PARA CASARSE”. Aquí está la única condición que Pablo menciona para casarse de nuevo. Se trata necesariamente de una declaración explícita que no deja lugar a dudas, algo de lo que carece por completo la interpretación que se hace del versículo 15 en el sentido de apoyar las segundas nupcias.

5.- Con el fin de explicar por qué en los evangelios Jesús no mencionó la separación del cónyuge incrédulo como causa de divorcio, se intenta razonar que Jesús solo se dirigió a los judíos, y no había necesidad de emitir nuevos mandamientos a pueblos con costumbres distintas a la que tenían los judíos. Pero ese razonamiento se desmota por completo al observar que Jesús SÍ QUE INTERVIENE activamente en instruir a TODA LA IGLESIA, como se demuestra en los versículos 10 y 11, donde a través de Pablo da mandamiento a todos los cristianos, tanto judíos como gentiles, que en caso de separarse se queden sin casar. Por lo tanto, si Jesús señaló la fornicación como única causa de divorcio (Mateo 5:32; 19:9) se debe precisamente a que esa es la ÚNICA causa de divorcio cristiano que él ha establecido para sus seguidores.



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Sobre la intención y alcance de este artículo



viernes, 7 de julio de 2017

¿Creía Pablo en el infierno tradicional?

En el capítulo 6 de su carta a los romanos, Pablo contrasta la esclavitud al pecado con la obediencia a la justicia. En este capítulo se hacen continuas referencias a las consecuencias de uno y otro proceder, y cobra especial interés saber qué dice sobre el destino de los que se conducen por el pecado. Consideremos varios pasajes:
Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado; porque el que muere queda liberado del pecado.”  (Romanos 6:6-7) 
Es muy interesante la norma divina: “el que muere queda liberado del pecado”; o como dice la traducción Nacar Colunga: “el que muere, queda absuelto de su pecado”. Si los inicuos cuando mueren quedan liberados del pecado. ¿Cómo es posible que después de morir, reciban otro castigo infinitamente más severo, por una culpa de la que ya han sido absueltos con la muerte?
“¿Acaso no saben ustedes que, cuando se entregan a alguien para obedecerlo, son esclavos de aquel a quien obedecen? Claro que lo son, ya sea del pecado que lleva a la muerte, o de la obediencia que lleva a la justicia.” (Romanos 6:16) 
Quien es esclavo del pecado es llevado a la muerte, no a un castigo de sufrimiento eterno.
Cuando ustedes eran esclavos del pecado, estaban libres del dominio de la justicia. ¿Qué fruto cosechaban entonces? ¡Cosas que ahora los avergüenzan y que conducen a la muerte! Pero ahora que han sido liberados del pecado y se han puesto al servicio de Dios, cosechan la santidad que conduce a la vida eterna.” (Romanos 6:20-22) 
El fruto del pecado es vergonzoso y conduce a la muerte; el fruto de la justicia es la santidad y conduce a la vida eterna. Aquí hace una comparación de las consecuencias por seguir tras el pecado, o seguir tras la justicia. El resultado del pecado es la muerte, el resultado de la justicia es la vida eterna. Se menciona el concepto de eternidad, pero solo se aplica a los que siguen tras la justicia, no a quienes siguen tras el pecado. Para estos solo se menciona el concepto de muerte, no un estado de sufrimiento consciente y eterno.
Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor.” (Romanos 6:23) 
Aquí se resume el contraste de ambos resultados; pero además introduce un matiz interesante: La muerte es la paga del pecado; es decir, es la retribución justa que corresponde a quienes siguen tras el pecado. En cambio, la vida eterna no se ofrece como una retribución justa, sino como una dádiva o regalo que Dios da a quienes siguen tras la justicia.

Fijémonos bien: la vida eterna es el regalo para los justos, pero lo contrario de la vida, que es la muerte, es el destino de los pecadores. Si el infierno de sufrimiento eterno fuera una realidad, no se entendería que no se mencionara en este capítulo, y en concreto en este versículo, donde se introduce el concepto de la eternidad como la dádiva de Dios.

Por lo tanto, la lectura de este capítulo lleva a estas conclusiones:

No se hace ninguna mención de algo parecido a un castigo de sufrimiento eterno. En las cuatro ocasiones que señala el resultado del pecado, en todas ellas indistintamente se habla de muerte sin más.

Si Pablo hubiera sabido y creído en el concepto del infierno tradicional, sería inevitable que lo mencionara en este capítulo que habla de dos tipos de destino, el de pecadores y el de justos. El hecho de que no lo haga es evidencia de que esa enseñanza no existía en la mente del apóstol.

Y la norma de que “el que muere queda liberado del pecado”, deja sin ningún sentido la existencia del sufrimiento eterno como un segundo castigo por la misma culpa que ya ha sido absuelta.

Por lo tanto, a la luz de este pasaje queda excluida la idea del infierno tradicional de sufrimiento eterno.



 

sábado, 10 de junio de 2017

¿Qué dice la Biblia sobre el divorcio y el recasamiento?

En las sociedades occidentales, cada vez es más frecuente la práctica del divorcio, hasta el punto que para muchos es la consecuencia “natural” del matrimonio. Esto es así incluso para los que profesan la fe cristiana. Por eso, los cristianos que tomamos en serio la opinión de Dios, debemos preguntarnos: ¿Qué dice la palabra de Dios sobre este asunto? ¿Hay alguna causa para el divorcio? ¿Qué significa “por causa de fornicación”?

Después que Dios estableciera el primer matrimonio entre el hombre y la mujer, declaró: “Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” (Génesis 2:24) Nótese que en este momento, la primera pareja humana tenía la vida eterna por delante, y con esta perspectiva, se estableció que serían una sola carne, una situación donde el divorcio era totalmente ajeno. Mucho tiempo después, ante una pregunta de los fariseos, Jesús hizo referencia a las palabras de Génesis, al decir:

¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?” (Mateo 19:4-5) y a continuación añadió lo siguiente: “Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.” (Mateo 19:6) Aquí Jesús declara que el matrimonio es una unión establecida por Dios, y por lo tanto, una unión sagrada, que nadie tiene el derecho de deshacer.


La importancia de permanecer en la unión matrimonial también se aprecia en esta declaración bíblica: “Presten atención, pues, a su espíritu; no seas desleal con la mujer de tu juventud. Porque YO DETESTO EL DIVORCIO, dice el Señor, Dios de Israel, y al que cubre de iniquidad su vestidura, dice el Señor de los ejércitos. Presten atención, pues, a su espíritu y no sean desleales.” (Malaquías 2:15-16) Así, para Dios el divorcio es un acto grave de deslealtad; por lo tanto, algo que evitar si queremos agradar a Dios.

A pesar de lo anterior, Jesucristo declaró un ÚNICO motivo para obtener el divorcio: “Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo POR CAUSA DE FORNICACIÓN, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera” (Mateo 19:9) Solamente la fornicación del otro cónyuge permite a un cristiano tomar la decisión voluntaria de divorciarse y sentirse libre para casarse de nuevo. (Para una discusión detallada ver artículo: “por causa de fornicación”)

si se separa, quédese sin casar

La imposibilidad del divorcio por otras causas que no sea fornicación, queda reforzada en este mandato del Señor transmitido por Pablo: “Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido; y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer” (1 Corintios 7:10-11) El Señor dice que la mujer o el marido no se separe de su cónyuge; pero si, quizá por causas mayores decidiera separarse, el mandato de Jesús es claro: “quédese sin casar”, porque de casarse con otra persona estaría viviendo en adulterio. Notemos que no concede otra opción, porque si a alguien separado se le hace difícil permanecer sin una relación marital, no le queda otra opción que reconciliarse con el cónyuge.

si el incrédulo se separa, sepárese

Algunos señalan a 1 Corintios 7:15 para establecer que los cristianos pueden divorciarse y casarse de nuevo siempre que su actual cónyuge sea incrédulo y este tome la iniciativa de separarse. Pero al leer todo el pasaje se percibe con claridad que, lejos de querer proporcionar una excusa al divorcio, su propósito es que los cristianos se mantengan unidos en sus matrimonios. (Para una discusión detallada ver el artículo: “¿Permite 1 Corintios 7:15 casarse de nuevo?”)

si te casas no pecas

A veces se argumenta que cuando en 1 Corintios 7:27-28 Pablo dice: “¿Estás libre de mujer? No procures casarte. Mas también si te casas, no pecas”, se trata de una autorización para casarse de nuevo a los que están divorciados. Pero el contexto de ese mismo capítulo ofrece varias razones para concluir que Pablo se estaba refiriendo a personas solteras, no a divorciados. (Para una discusión detallada ver el artículo: “¿Qué dice 1 Corintios 7:27-28 sobre el divorcio?”)

El divorcio entre los cristianos primitivos

Entre los cristianos de hoy día existe una gran variedad de puntos de vista sobre cuál debe ser la postura cristiana respecto al divorcio y las segundas nupcias. Pero afortunadamente disponemos de unos testimonios que merecen poderosamente nuestro interés. Son los escritos de los cristianos primitivos, donde se registraron las creencias practicadas por los cristianos después de la muerte de los apóstoles, y donde se manifiesta el “curso de acción” de las primeras generaciones de cristianos en cuanto a sus ordenanzas y su aplicación de mandamientos bíblicos. Son por tanto, los comentarios cristianos más próximos en el tiempo a las enseñanzas originales de Jesucristo, y por eso, los más fiables para conocer el entendimiento correcto sobre el divorcio y las segundas nupcias.

Al leer estos escritos notamos que todos son unánimes en interpretar que Cristo prohíbe y condena un segundo matrimonio. A quienes se casan por segunda vez se les califica de adúlteros, e incluso herejes. A la mujer se le dice que no se separe de su esposo, y si lo hace, debe permanecer sin casarse. Y quienes se casan con una mujer divorciada comete adulterio. (Para ver los testimonios ver artículo: “Los cristianos primitivos y el divorcio”)


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Sobre la intención y alcance de este artículo



“salvo por causa de fornicación”

En el evangelio de Mateo se lee como Jesús introduce una única cláusula de excepción para permitir un divorcio que posteriormente no incurra en adulterio. Estos son los versículos:
yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere” (Mateo 5:32)
Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera” (Mateo 19:9)

La pregunta es: ¿Qué quiso decir Jesús “por causa de fornicación”? La lectura lógica y sencilla es que Jesús se refiere al acto sexual que, después de casarse, uno de los cónyuges comete fuera del matrimonio; lo cual permite al cónyuge inocente ejercer el derecho a divorciarse y volverse a casar con otra persona.

Sin embargo, hay quienes entienden que esta clausula de excepción se refiere a la fornicación sexual cometida por uno de los cónyuges cuando aún estaba soltero, algo que después es descubierto. Según esta interpretación, solo bajo esta circunstancia, el cónyuge inocente puede decidirse por el divorcio. ¿Pero hay evidencia bíblica que respalde este punto?

Primero hemos de notar el contexto inmediato. En Mateo 19:3-12 los fariseos le estaban preguntando a Jesús por repudiar a la mujer en relación con el matrimonio. Los fariseos se referían sobre todo a las circunstancias que pudieran sobrevenir en el transcurso del matrimonio. Y Jesús les habló entendiendo lo que preguntaban. Si Jesús se hubiera referido a la fornicación prematrimonial, lo hubiera aclarado; pero al no hacerlo hemos de entender que les hablaba en el marco matrimonial, no prematrimonial.

Por otro lado, si Jesús al decir “salvo por causa de fornicación” se hubiera referido a fornicación prematrimonial, esto llevaría a concluir que Dios estaría justificando el divorcio solo si la fornicación se produjera antes del matrimonio, pero no si la fornicación se produce una vez casados. Dicho de otra forma: Dios penalizaría más la fornicación prematrimonial (cometida cuando la persona es soltera), que la fornicación postmatrimonial (más conocida como adulterio). Esto no solo parece un contrasentido, sino que en realidad contradice la postura de Dios, evidenciada en algunas leyes que mandó observar a los israelitas.


Primero veamos cómo trataba la ley de Dios a los hombres y mujeres que eran sorprendidos en adulterio:
Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos.” (Levítico 20:10)
Si hubiere una muchacha virgen desposada con alguno, y alguno la hallare en la ciudad, y se acostare con ella; entonces los sacaréis a ambos a la puerta de la ciudad, y los apedrearéis, y morirán; la joven porque no dio voces en la ciudad, y el hombre porque humilló a la mujer de su prójimo; así quitarás el mal de en medio de ti.” (Deuteronomio 22:23-24)

El castigo tanto para el hombre como la mujer que cometía adulterio era la muerte. Pero ¿Qué sucedía cuando un hombre se acostaba con una mujer soltera?
Si alguno engañare a una doncella que no fuere desposada, y durmiere con ella, deberá dotarla y tomarla por mujer. Si su padre no quisiere dársela, él le pesará plata conforme a la dote de las vírgenes” (Éxodo 22:16-17)
Cuando algún hombre hallare a una joven virgen que no fuere desposada, y la tomare y se acostare con ella, y fueren descubiertos; entonces el hombre que se acostó con ella dará al padre de la joven cincuenta piezas de plata, y ella será su mujer, por cuanto la humilló; no la podrá despedir en todos sus días.” (Deuteronomio 22:28-29)

En este caso no debían morir. Las consecuencias penales se limitaban a exigir al hombre que tomara a la mujer como esposa, sin poder optar nunca a divorciarse. Tanto la fornicación entre solteros como el adulterio eran considerados pecados, pero sus consecuencias penales eran muy diferentes, lo que evidencia la distinta gravedad que a los ojos de Dios tenía uno u otro pecado. Esto nos ayuda a entender que la clausula de excepción “salvo por causa de fornicación” no podía referirse a la fornicación prematrimonial, sino a la fornicación cometida después de casarse.

Ahora bien ¿Por qué utiliza Jesús la palabra fornicación dentro del matrimonio, si en tal caso se trata de adulterio? Usualmente “adulterio” (moicheia) es definido como el acto sexual de una persona casada con otra que no es su cónyuge; en cambio, “fornicación” (porneia) es un concepto más amplio que puede abarcar el adulterio (Oseas 2:2,4); pero además, comprende todo acto sexual ilícito como la prostitución, inmundicia, homosexualidad (Judas 7), lesbianismo, el uso crasamente inmoral de los órganos genitales bien con otra persona o con un animal. (VER NOTA) Dicho de otro modo, todo acto de adulterio es fornicación; pero no todo acto de fornicación se puede catalogar como adulterio. Cualquier acto sexual ilícito de una persona soltera constituye solo fornicación; pero si la persona que lo comete está casada, incurre además en adulterio. Por eso, si una persona casada comete voluntariamente fornicación, eso permitiría al cónyuge inocente optar por el divorcio

Así, vemos que lo único que puede deshacer un matrimonio a los ojos de Dios es la fornicación voluntaria de uno de los cónyuges, lo que constituye adulterio. Lo apropiado de esta excepción se puede ver al meditar en esta declaración: “Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” (Génesis 2:24) El matrimonio es la unión de dos personas en una sola carne, una expresión que tiene su culminación literal en el acto sexual, y solo mediante esa unión carnal se origina una nueva vida; lo que literalmente también constituye “una sola carne”. El adulterio rompe esa unión porque el cónyuge adúltero decide unilateralmente unirse con otra persona en “una sola carne”; lo que apropiadamente deja la decisión al cónyuge inocente de perdonar o divorciarse.




NOTA
La palabra "fornicación" de Mateo 19.9 se traduce del término griego πορνεία ("porneía"), que en el Nuevo Testamento tiene varios usos, pero básicamente se aplica a toda clase de relaciones sexuales ilícitas, inmoralidad sexual; falta de castidad, etc. aunque también se usa en sentido espiritual como en Ap. 9.21; 14.8; 17.2, 4; 18.3 y 19.2 Pero es más frecuente cuando se relaciona con la inmoralidad sexual. He aquí algunos ejemplos:

Pero en cuanto a los gentiles que han creído, nosotros les hemos escrito determinando que no guarden nada de esto; solamente que se abstengan de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación” (Hechos 21:25)
estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades” (Romanos 1:29)
De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre.” (1 Corintios 5:1)
Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo” (1 Corintios 6:13)
Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca” (1 Corintios 6:18)
pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido” (1 Corintios 7:2)
que cuando vuelva, me humille Dios entre vosotros, y quizá tenga que llorar por muchos de los que antes han pecado, y no se han arrepentido de la inmundicia y fornicación y lascivia que han cometido.” (2 Corintios 12:21)
Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia” (Gálatas 5:19)
Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos” (Efesios 5:3)
Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría” (Colosenses 3:5)

En todas estas citas, cuando se lee "fornicación" se está traduciendo del término "porneía" (πορνεία), el mismo que Jesús utilizó en su expresión “por causa de fornicación”. Por lo tanto, es evidente que se refería a toda clase de relación sexual (carnal) ilícita. Pero además de estas referencias, hay una que tiene especial relevancia:
“¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina? Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre.” (Mateo 15:17-20)
De las 26 veces que se utiliza "porneía" en el Nuevo Testamento esta es la única que encontramos en Mateo, además de las ya mencionadas en Mateo 5.32 y 19.9 (Ver también Marcos 7:21) ¿Y cuál es el sentido que da Jesús cuando habla de "fornicaciones"? En ningún modo podemos concluir que tiene otro significado que no sea relaciones sexuales ilícitas, entendidas como actos físicos y carnales en la línea de "los homicidios, los adulterios y los hurtos". Así, aunque "porneía" puede tener más de un significado, tanto el contexto inmediato como el contexto del evangelio, nos ayuda a entender que en las ocasiones que Jesús habla de "porneía" según Mateo, se refiere a actos sexuales ilícitos.



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¿Qué dice 1 Corintios 7:27-28 sobre el divorcio?

¿Sugiere 1 Corintios 7:27-28 que cualquier divorciado tiene derecho a casarse de nuevo?
¿Estás ligado a mujer? No procures soltarte. ¿Estás libre de mujer? No procures casarte. Mas también si te casas, no pecas; y si la doncella se casa, no peca; pero los tales tendrán aflicción de la carne, y yo os la quisiera evitar.” (1 Corintios 7:27-28)

¿Cuál es el entendimiento correcto de estos versículos? No debe haber ninguna dificultad en entender que la primera pregunta “¿Estás ligado a mujer?” se refiere a si está casado con una mujer; la segunda pregunta “¿Estás libre de mujer?” la hace a quien no está ni ha estado casado; y es a éste que Pablo aconseja que no se case; aunque reconoce a continuación que si se casa, no peca.

Pero hay quien entiende que la segunda pregunta ("¿Estás libre de mujer?") también se puede referir a quien está divorciado; y que la declaración que hace a continuación: “si te casas, no pecas”, le está dando permiso a casarse de nuevo. Vamos a ver cómo esta interpretación es altamente improbable.

En primer lugar, hemos de notar que, esta interpretación contradice de plano la única declaración explícita que hace Pablo en este capítulo sobre si un cristiano divorciado tiene permiso para casarse de nuevo, y que encontramos en los versículos 10 y 11, que dicen: “Para los casados, tengo una orden del Señor, no mía, que manda que la mujer no se separe del marido. Y si tuviera que separarse, que permanezca sin casarse o se reconcilie con su marido. Y que tampoco el marido se divorcie de su mujer”. Aquí Pablo deja claro que el cristiano, en caso de tener que separarse ha de permanecer sin casarse. Por lo tanto, no es concebible que Pablo contradiga sus mismas palabras.

En segundo lugar, debemos fijarnos en el contexto inmediato. El versículo 25, con la expresión: “En cuanto a las vírgenes” hace ver que Pablo ahora se dirige a los que aún no se han casado. Por lo tanto, hace improbable que los versículos 27 y 28  estén dirigidos a los divorciados.

En tercer lugar, hay una cierta analogía entre los versículos 27 y 28  y el versículo 36, que dice: “Pero si alguno piensa que es impropio para su hija virgen que pase ya de edad, y es necesario que así sea, haga lo que quiera, no peca; que se case.” El versículo 28 dice: “Mas también si te casas, no pecas”. Como el versículo 36 claramente se refiere a personas vírgenes, es lógico pensar que el versículo 28 se refiere también a personas que no han estado casadas.

En cuarto lugar, notemos el contexto inmediato posterior en el mismo versículo 28, que dice: “si la doncella se casa, no peca.” Pablo está dando el mismo consejo, tanto a varón como a la mujer. El hecho de que, cuando se dirige a la mujer, la llame doncella, o virgen, apoya la idea que el varón a quien ha mencionado antes también es soltero o virgen, nunca un divorciado.

En quinto lugar, fijémonos en la razón por la cual Pablo aconseja no casarse: porque “los tales tendrán aflicción de la carne, y yo os la quisiera evitar.” No tendría sentido que ese consejo fuera dirigido a los divorciados, por la sencilla razón que los divorciados ya conocerían bien que el matrimonio conlleva “aflicción de la carne” Ese consejo sólo tiene sentido a quienes no han experimentado el matrimonio y sus posibles consecuencias.

Y en último lugar, y no menos importante, en los versículos considerados, Pablo hace este reconocimiento previo: “no tengo mandamiento del Señor; mas doy mi parecer.” Así, se ha de recordar que las opiniones de Pablo siempre están subordinadas a las claras instrucciones que dio el propio Jesús en Mateo 5:32 y 19:9; pero aún tratándose de la opinión personal, se hace evidente que concuerda al completo con los mandamientos del Señor.


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Pasajes bíblicos sobre el divorcio y segundas nupcias

“Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” (Génesis 2:24) 
“Si alguno engañare a una doncella que no fuere desposada, y durmiere con ella, deberá dotarla y tomarla por mujer. Si su padre no quisiere dársela, él le pesará plata conforme a la dote de las vírgenes” (Éxodo 22:16-17) 
“Cuando algún hombre hallare a una joven virgen que no fuere desposada, y la tomare y se acostare con ella, y fueren descubiertos; entonces el hombre que se acostó con ella dará al padre de la joven cincuenta piezas de plata, y ella será su mujer, por cuanto la humilló; no la podrá despedir en todos sus días.” (Deuteronomio 22:28-29) 
“Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa. Y salida de su casa, podrá ir y casarse con otro hombre. Pero si la aborreciere este último, y le escribiere carta de divorcio, y se la entregare en su mano, y la despidiere de su casa; o si hubiere muerto el postrer hombre que la tomó por mujer, no podrá su primer marido, que la despidió, volverla a tomar para que sea su mujer, después que fue envilecida; porque es abominación delante de Jehová, y no has de pervertir la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad.” (Deuteronomio 24:1-4)  
“Pero ninguno que tenga un remanente del Espíritu lo ha hecho así. ¿Y qué hizo éste mientras buscaba una descendencia de parte de Dios? Prestad atención, pues, a vuestro espíritu; no seas desleal con la mujer de tu juventud. Porque yo detesto el divorcio —dice el Señor, Dios de Israel— y al que cubre de iniquidad su vestidura —dice el Señor de los ejércitos—. Prestad atención, pues, a vuestro espíritu y no seáis desleales.” (Malaquías 2:15-16) 
“También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio.” (Mateo 5:31-32) 
 “Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla? El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así. Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera. Le dijeron sus discípulos: Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse. Entonces él les dijo: No todos son capaces de recibir esto, sino aquellos a quienes es dado. Pues hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba.” (Mateo 19:3-12) 
“Y se acercaron los fariseos y le preguntaron, para tentarle, si era lícito al marido repudiar a su mujer. El, respondiendo, les dijo: ¿Qué os mandó Moisés? Ellos dijeron: Moisés permitió dar carta de divorcio, y repudiarla. Y respondiendo Jesús, les dijo: Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento; pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. En casa volvieron los discípulos a preguntarle de lo mismo, y les dijo: Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio.” (Marcos 10:2-12) 
“Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido, adultera.” (Lucas 16:18) 
“Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido. Así que, si en vida del marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera; pero si su marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se uniere a otro marido, no será adúltera.” (Romanos 7:2-3) 
“Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido; y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer. Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone. Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos. Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios. […]
La mujer casada está ligada por la ley mientras su marido vive; pero si su marido muriere, libre es para casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor.” (1 Corintios 7:10-15; 39)
 
“Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.” (Hebreos 13:4)

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