sábado, 10 de junio de 2017

¿Qué dice la Biblia sobre el divorcio y el recasamiento?

En las sociedades occidentales, cada vez es más frecuente la práctica del divorcio, hasta el punto que para muchos es la consecuencia “natural” del matrimonio. Esto es así incluso para los que profesan la fe cristiana. Por eso, los cristianos que tomamos en serio la opinión de Dios, debemos preguntarnos: ¿Qué dice la palabra de Dios sobre este asunto? ¿Hay alguna causa para el divorcio? ¿Qué significa “por causa de fornicación”?

Después que Dios estableciera el primer matrimonio entre el hombre y la mujer, declaró: “Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” (Génesis 2:24) Nótese que en este momento, la primera pareja humana tenía la vida eterna por delante, y con esta perspectiva, se estableció que serían una sola carne, una situación donde el divorcio era totalmente ajeno. Mucho tiempo después, ante una pregunta de los fariseos, Jesús hizo referencia a las palabras de Génesis, al decir:

¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?” (Mateo 19:4-5) y a continuación añadió lo siguiente: “Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.” (Mateo 19:6) Aquí Jesús declara que el matrimonio es una unión establecida por Dios, y por lo tanto, una unión sagrada, que nadie tiene el derecho de deshacer.


La importancia de permanecer en la unión matrimonial también se aprecia en esta declaración bíblica: “Presten atención, pues, a su espíritu; no seas desleal con la mujer de tu juventud. Porque YO DETESTO EL DIVORCIO, dice el Señor, Dios de Israel, y al que cubre de iniquidad su vestidura, dice el Señor de los ejércitos. Presten atención, pues, a su espíritu y no sean desleales.” (Malaquías 2:15-16) Así, para Dios el divorcio es un acto grave de deslealtad; por lo tanto, algo que evitar si queremos agradar a Dios.

A pesar de lo anterior, Jesucristo declaró un ÚNICO motivo para obtener el divorcio: “Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo POR CAUSA DE FORNICACIÓN, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera” (Mateo 19:9) Solamente la fornicación del otro cónyuge permite a un cristiano tomar la decisión voluntaria de divorciarse y sentirse libre para casarse de nuevo. (Para una discusión detallada sobre este punto ver artículo: “por causa de fornicación”)

si se separa, quédese sin casar

La imposibilidad del divorcio por otras causas que no sea fornicación, queda reforzada en este mandato del Señor transmitido por Pablo: “Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido; y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer” (1 Corintios 7:10-11) El Señor dice que la mujer o el marido no se separe de su cónyuge; pero si, quizá por causas mayores decidiera separarse, el mandato de Jesús es claro: “quédese sin casar”, porque de casarse con otra persona estaría viviendo en adulterio. Notemos que no concede otra opción, porque si a alguien separado se le hace difícil permanecer sin una relación marital, no le queda otra opción que reconciliarse con el cónyuge. ¡Así de clara es la postura bíblica sobre el divorcio!


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Sobre la intención y alcance de este artículo



“salvo por causa de fornicación”

En el evangelio de Mateo se lee como Jesús introduce una única cláusula de excepción para permitir un divorcio que posteriormente no incurra en adulterio. Estos son los versículos:
yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere” (Mateo 5:32)
Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera” (Mateo 19:9)

La pregunta es: ¿Qué quiso decir Jesús “por causa de fornicación”? La lectura lógica y sencilla es que Jesús se refiere al acto sexual que, después de casarse, uno de los cónyuges comete fuera del matrimonio; lo cual permite al cónyuge inocente ejercer el derecho a divorciarse y volverse a casar con otra persona.

Sin embargo, hay quienes entienden que esta clausula de excepción se refiere a la fornicación sexual cometida por uno de los cónyuges cuando aún estaba soltero, algo que después es descubierto. Según esta interpretación, solo bajo esta circunstancia, el cónyuge inocente puede decidirse por el divorcio. ¿Pero hay evidencia bíblica que respalde este punto?

Primero hemos de notar el contexto inmediato. En Mateo 19:3-12 los fariseos le estaban preguntando a Jesús por repudiar a la mujer en relación con el matrimonio. Los fariseos se referían sobre todo a las circunstancias que pudieran sobrevenir en el transcurso del matrimonio. Y Jesús les habló entendiendo lo que preguntaban. Si Jesús se hubiera referido a la fornicación prematrimonial, lo hubiera aclarado; pero al no hacerlo hemos de entender que les hablaba en el marco matrimonial, no prematrimonial.

Por otro lado, si Jesús al decir “salvo por causa de fornicación” se hubiera referido a fornicación prematrimonial, esto llevaría a concluir que Dios estaría justificando el divorcio solo si la fornicación se produjera antes del matrimonio, pero no si la fornicación se produce una vez casados. Dicho de otra forma: Dios penalizaría más la fornicación prematrimonial (cometida cuando la persona es soltera), que la fornicación postmatrimonial (más conocida como adulterio). Esto no solo parece un contrasentido, sino que en realidad contradice la postura de Dios, evidenciada en algunas leyes que mandó observar a los israelitas.


Primero veamos cómo trataba la ley de Dios a los hombres y mujeres que eran sorprendidos en adulterio:
Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos.” (Levítico 20:10)
Si hubiere una muchacha virgen desposada con alguno, y alguno la hallare en la ciudad, y se acostare con ella; entonces los sacaréis a ambos a la puerta de la ciudad, y los apedrearéis, y morirán; la joven porque no dio voces en la ciudad, y el hombre porque humilló a la mujer de su prójimo; así quitarás el mal de en medio de ti.” (Deuteronomio 22:23-24)

El castigo tanto para el hombre como la mujer que cometía adulterio era la muerte. Pero ¿Qué sucedía cuando un hombre se acostaba con una mujer soltera?
Si alguno engañare a una doncella que no fuere desposada, y durmiere con ella, deberá dotarla y tomarla por mujer. Si su padre no quisiere dársela, él le pesará plata conforme a la dote de las vírgenes” (Éxodo 22:16-17)
Cuando algún hombre hallare a una joven virgen que no fuere desposada, y la tomare y se acostare con ella, y fueren descubiertos; entonces el hombre que se acostó con ella dará al padre de la joven cincuenta piezas de plata, y ella será su mujer, por cuanto la humilló; no la podrá despedir en todos sus días.” (Deuteronomio 22:28-29)

En este caso no debían morir. Las consecuencias penales se limitaban a exigir al hombre que tomara a la mujer como esposa, sin poder optar nunca a divorciarse. Tanto la fornicación entre solteros como el adulterio eran considerados pecados, pero sus consecuencias penales eran muy diferentes, lo que evidencia la distinta gravedad que a los ojos de Dios tenía uno u otro pecado. Esto nos ayuda a entender que la clausula de excepción “salvo por causa de fornicación” no podía referirse a la fornicación prematrimonial, sino a la fornicación cometida después de casarse.

Ahora bien ¿Por qué utiliza Jesús la palabra fornicación dentro del matrimonio, si en tal caso se trata de adulterio? Usualmente “adulterio” (moicheia) es definido como el acto sexual de una persona casada con otra que no es su cónyuge; en cambio, “fornicación” (porneia) es un concepto más amplio que puede abarcar el adulterio (Oseas 2:2,4); pero además, comprende todo acto sexual ilícito como la prostitución, inmundicia, homosexualidad (Judas 7), lesbianismo, el uso crasamente inmoral de los órganos genitales bien con otra persona o con un animal. Dicho de otro modo, todo acto de adulterio es fornicación; pero no todo acto de fornicación se puede catalogar como adulterio. Cualquier acto sexual ilícito de una persona soltera constituye solo fornicación; pero si la persona que lo comete está casada, incurre además en adulterio. Por eso, si una persona casada comete voluntariamente fornicación, eso permitiría al cónyuge inocente optar por el divorcio

Así, vemos que lo único que puede deshacer un matrimonio a los ojos de Dios es la fornicación voluntaria de uno de los cónyuges, lo que constituye adulterio. Lo apropiado de esta excepción se puede ver al meditar en esta declaración: “Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” (Génesis 2:24) El matrimonio es la unión de dos personas en una sola carne, una expresión que tiene su culminación literal en el acto sexual, y solo mediante esa unión carnal se origina una nueva vida; lo que literalmente también constituye “una sola carne”. El adulterio rompe esa unión porque el cónyuge adúltero decide unilateralmente unirse con otra persona en “una sola carne”; lo que apropiadamente deja la decisión al cónyuge inocente de perdonar o divorciarse.


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¿Qué dice 1 Corintios 7:27-28 sobre el divorcio?

¿Sugiere 1 Corintios 7:27-28 que cualquier divorciado tiene derecho a casarse de nuevo?
¿Estás ligado a mujer? No procures soltarte. ¿Estás libre de mujer? No procures casarte. Mas también si te casas, no pecas; y si la doncella se casa, no peca; pero los tales tendrán aflicción de la carne, y yo os la quisiera evitar.” (1 Corintios 7:27-28)

¿Cuál es el entendimiento correcto de estos versículos? No debe haber ninguna dificultad en entender que la primera pregunta “¿Estás ligado a mujer?” se refiere a si está casado con una mujer; la segunda pregunta “¿Estás libre de mujer?” la hace a quien no está ni ha estado casado; y es a éste que Pablo aconseja que no se case; aunque reconoce a continuación que si se casa, no peca.

Pero hay quien entiende que la segunda pregunta ("¿Estás libre de mujer?") también se puede referir a quien está divorciado; y que la declaración que hace a continuación: “si te casas, no pecas”, le está dando permiso a casarse de nuevo. Vamos a ver cómo esta interpretación es altamente improbable.

En primer lugar, hemos de notar que, esta interpretación contradice de plano la única declaración explícita que hace Pablo en este capítulo sobre si un cristiano divorciado tiene permiso para casarse de nuevo, y que encontramos en los versículos 10 y 11, que dicen: “Para los casados, tengo una orden del Señor, no mía, que manda que la mujer no se separe del marido. Y si tuviera que separarse, que permanezca sin casarse o se reconcilie con su marido. Y que tampoco el marido se divorcie de su mujer”. Aquí Pablo deja claro que el cristiano, en caso de tener que separarse o divorciarse, ha de permanecer sin casarse. Por lo tanto, no es concebible que Pablo contradiga sus mismas palabras.

En segundo lugar, debemos fijarnos en el contexto inmediato. El versículo 25, con la expresión: “En cuanto a las vírgenes” hace ver que Pablo ahora se dirige a los que aún no se han casado. Por lo tanto, hace improbable que los versículos 27 y 28  estén dirigidos a los divorciados.

En tercer lugar, hay una cierta analogía entre los versículos 27 y 28  y el versículo 36, que dice: “Pero si alguno piensa que es impropio para su hija virgen que pase ya de edad, y es necesario que así sea, haga lo que quiera, no peca; que se case.” El versículo 28 dice: “Mas también si te casas, no pecas”. Como el versículo 36 claramente se refiere a personas vírgenes, es lógico pensar que el versículo 28 se refiere también a personas que no han estado casadas.

En cuarto lugar, notemos el contexto inmediato posterior en el mismo versículo 28, que dice: “si la doncella se casa, no peca.” Pablo está dando el mismo consejo, tanto a varón como a la mujer. El hecho de que, cuando se dirige a la mujer, la llame doncella, o virgen, apoya la idea que el varón a quien ha mencionado antes también es soltero o virgen, nunca un divorciado.

En quinto lugar, fijémonos en la razón por la cual Pablo aconseja no casarse: porque “los tales tendrán aflicción de la carne, y yo os la quisiera evitar.” No tendría sentido que ese consejo fuera dirigido a los divorciados, por la sencilla razón que los divorciados ya conocerían bien que el matrimonio conlleva “aflicción de la carne” Ese consejo sólo tiene sentido a quienes no han experimentado el matrimonio y sus posibles consecuencias.

Y en último lugar, y no menos importante, en los versículos considerados, Pablo hace este reconocimiento previo: “no tengo mandamiento del Señor; mas doy mi parecer.” Así, se ha de recordar que las opiniones de Pablo siempre están subordinadas a las claras instrucciones que dio el propio Jesús en Mateo 5:32 y 19:9; pero aún tratándose de la opinión personal, se hace evidente que concuerda al completo con los mandamientos del Señor.


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Pasajes bíblicos sobre el divorcio y segundas nupcias

“Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” (Génesis 2:24) 
“Si alguno engañare a una doncella que no fuere desposada, y durmiere con ella, deberá dotarla y tomarla por mujer. Si su padre no quisiere dársela, él le pesará plata conforme a la dote de las vírgenes” (Éxodo 22:16-17) 
“Cuando algún hombre hallare a una joven virgen que no fuere desposada, y la tomare y se acostare con ella, y fueren descubiertos; entonces el hombre que se acostó con ella dará al padre de la joven cincuenta piezas de plata, y ella será su mujer, por cuanto la humilló; no la podrá despedir en todos sus días.” (Deuteronomio 22:28-29) 
“Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa. Y salida de su casa, podrá ir y casarse con otro hombre. Pero si la aborreciere este último, y le escribiere carta de divorcio, y se la entregare en su mano, y la despidiere de su casa; o si hubiere muerto el postrer hombre que la tomó por mujer, no podrá su primer marido, que la despidió, volverla a tomar para que sea su mujer, después que fue envilecida; porque es abominación delante de Jehová, y no has de pervertir la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad.” (Deuteronomio 24:1-4)  
“Pero ninguno que tenga un remanente del Espíritu lo ha hecho así. ¿Y qué hizo éste mientras buscaba una descendencia de parte de Dios? Prestad atención, pues, a vuestro espíritu; no seas desleal con la mujer de tu juventud. Porque yo detesto el divorcio —dice el Señor, Dios de Israel— y al que cubre de iniquidad su vestidura —dice el Señor de los ejércitos—. Prestad atención, pues, a vuestro espíritu y no seáis desleales.” (Malaquías 2:15-16) 
“También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio.” (Mateo 5:31-32) 
 “Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla? El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así. Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera. Le dijeron sus discípulos: Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse. Entonces él les dijo: No todos son capaces de recibir esto, sino aquellos a quienes es dado. Pues hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba.” (Mateo 19:3-12) 
“Y se acercaron los fariseos y le preguntaron, para tentarle, si era lícito al marido repudiar a su mujer. El, respondiendo, les dijo: ¿Qué os mandó Moisés? Ellos dijeron: Moisés permitió dar carta de divorcio, y repudiarla. Y respondiendo Jesús, les dijo: Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento; pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. En casa volvieron los discípulos a preguntarle de lo mismo, y les dijo: Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio.” (Marcos 10:2-12) 
“Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido, adultera.” (Lucas 16:18) 
“Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido. Así que, si en vida del marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera; pero si su marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se uniere a otro marido, no será adúltera.” (Romanos 7:2-3) 
“Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido; y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer. Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone. Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos. Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios. […]
La mujer casada está ligada por la ley mientras su marido vive; pero si su marido muriere, libre es para casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor.” (1 Corintios 7:10-15; 39)
 
“Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.” (Hebreos 13:4)

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miércoles, 17 de mayo de 2017

¿Qué significa adorar (proskuneo)?

los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ésos son precisamente los adoradores que el Padre desea. Dios es espíritu; y los que lo adoran, tienen que adorarlo en espíritu y verdad.” (Juan 4:23-24 Biblia Serafín de Ausejo)

Cuando Jesús habla de adoración en estos versículos, el evangelista utiliza formas derivadas del término griego προσκυνέω, transliterado como proskuneo. A fin de conocer mejor el concepto de adoración, conviene considerar el origen y significado de proskuneo.

El término proskuneo se compone de pros, que significa “hacia”, y kuneo, que significa “besar”; es decir, besar a (hacia) alguien en señal de profunda reverencia. Entre los orientales, especialmente los persas, esta palabra designaba la costumbre de postrarse ante una persona y besar sus pies, el borde del vestido o el suelo. Este es el significado básico que transmite proskuneo en todos los versículos donde aparece en el Nuevo Testamento (VER NOTAS).

Así, dependiendo del contexto, proskuneo puede significar un simple acto de reverencia, de suplica, o de alabanza (Marcos 15:19; Mateo 18:26; Apocalipsis 13:4) En cambio, cuando se refiere a Dios, proskuneo siempre conlleva la idea de adoración. Este es el uso que Jesús le da en Juan 4:23-24, y en tal caso proskuneo transmite mucho más:

Es el reconocimiento directo de la grandeza de Dios expresado en alabanza y exaltación, pública o privada, que se Le ofrenda en razón de Su naturaleza divina, Sus atributos y Sus obras; y por todo lo que Él significa para sus adoradores. Es la plena aceptación de Sus propósitos y demandas, un profundo compromiso de obediencia manifestado en un servicio exclusivo, como indica Jesús: “escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás” (Mateo 4:10)

Así, se puede decir que es el reconocimiento expresado tanto en pensamiento, palabra y obra de su excelsa dignidad, entre otras razones… porque ha creado todas las cosas; porque por Su voluntad existen y fueron creadas; porque en Él “está la fuente de la vida”; porque son profundas las riquezas de Su sabiduría y Su conocimiento, y son indescifrables e impenetrables sus juicios y sus caminos; “porque desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad”; y porque ‘maravillosas son sus obras’ (Apocalipsis 4:10-11; Salmos 36:9; Romanos 11:33, 36; 1:20; Salmos 139:14)

Es Dios y solo Dios quien merece la adoración de todas sus criaturas (Mateo 4:10; Apocalipsis 19:10); y por esa razón, solo a Él corresponde determinar cómo hemos de adorarle. Hemos de saber que hay un tipo de adoración que Dios aprueba, pero hay también otras adoraciones que rechaza (Colosenses 2:18) Por lo tanto, si lo que nos importa de verdad es la opinión de Dios, querremos asegurarnos de cuál es la adoración que el Padre acepta de nosotros.



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NOTAS

Apariciones de proskuneo en el Nuevo Testamento:
Mateo 2:2, 8, 11; 4:9-10; 8:2; 9:18; 14:33; 15:25; 18:26; 20:20; 28:9, 17; Marcos 5:6; 15:19; Lucas 4:7-8; 24:52; Juan 4:20-24; 9:38; 12:20; Hechos 7:43; 8:27; 10:25; 24:11; 1 Corintios 14:25; Hebreos 1:6; 11:21; Apocalipsis 3:9; 4:10; 5:14; 7:11; 9:20; 11:1, 16; 13:4, 8, 12, 15; 14:7, 9, 11; 15:4; 16:2; 19:4, 10, 20; 20:4, 8-9.

Algunas definiciones de proskuneo:
- Hacer reverencia, dar obediencia a (de pros, hacia, y kuneo, besar). (Diccionario expositivo de palabras del Nuevo Testamento, de W. E. Vine)
- Significa besar (como el perro lame la mano del amo); abanicar o agazaparse a, i.e. (lit. o fig.) postrarse en homenaje (hacer reverencia a, adorar):— postrarse, reverencia, suplicar. (Diccionario Strong de Palabras Originales del Antiguo y Nuevo Testamento)
Doblar la rodilla, adorar. (Comentario al Texto Griego del Nuevo Testamento, de A.T. Robertson)
- Besar la mano a (hacia), una señal de reverencia... de aquí que entre los Orientales, especialmente los Persas, caer sobre las rodillas y tocar el piso con la frente como una expresión de profunda reverencia;... por esto en el N.T., por arrodillarse o postrarse para hacer homenaje (a uno) o hacer reverencia, ya sea para expresar respeto o para hacer súplica. (Léxico Griego-Inglés, de Joseph H. Thayer)
- Usado para designar la costumbre de postrarse uno mismo ante una persona y besar sus pies, el borde de su vestido, el piso, etc.; los Persas hicieron esto en la presencia de su rey deificado, y los Griegos ante una divinidad o algo santo; (caer y) adorar, hacer homenaje a, postrarse uno mismo ante, hacer reverencia, dar la bienvenida respetuosamente. (Léxico Griego-Inglés del N.T., de Arndt & Gingrich)
- (de kuneo, besar) rendir homenaje, hacer reverencia, adorar. (El manual Greek Lexicon of the New Testament, de G.Abbott- Smith)




domingo, 30 de abril de 2017

¿Quiénes son los discípulos de Jesús?

¿Le atrae la idea de encontrar y conocer cristianos verdaderos, personas que sinceramente desean seguir las enseñanzas y el ejemplo de Jesucristo? ¿Los hay? ¿Quiénes son y dónde están?
 
Si esta pregunta la hubiéramos hecho en el primer siglo, seguramente no hubiera tenido sentido. Para todos era evidente quienes eran los cristianos, era imposible llevarse a confusión, el cristianismo acababa de nacer, y todos estaban en un mismo espíritu y en una misma fe (Efesios 4:3-5); y por eso, todos eran conocidos bajo una única denominación: “cristianos”1 (Hechos 11:26); es decir, seguidores de Cristo.
 
Pero con el tiempo empezaron a emerger distintas posturas dentro del cristianismo, como los ebionitas, marcionistas, montanistas, tertulianistas, y una larga lista que se incrementó de forma extraordinaria a partir de la Reforma protestante, dando lugar a un sin fin de confesiones cristianas. De manera que la simple designación de “cristianos” ya no es suficiente, y se hace necesario utilizar distintos nombres para identificar a grupos de personas que se unen alrededor de un conjunto de creencias y prácticas religiosas que tienen a Jesús como fundamento. Así, entre las denominaciones cristianas más conocidas, tenemos a católicos, ortodoxos, luteranos, anglicanos, calvinistas, metodistas, bautistas, pentecostales, evangélicos, mormones, adventistas, testigos de Jehová, judíos mesiánicos… y un largo etcétera.
Esta pluralidad de denominaciones, donde cada una entiende el cristianismo de forma distinta, presenta un gran problema para las personas que sinceramente desean asociarse con los discípulos y seguidores de Jesús. ¿A quién creemos? ¿Quiénes son los verdaderos cristianos?  

Si creemos en Dios, lo mejor es acudir a Él para descubrir las respuestas. No dudemos en orarle con insistencia (Mateo 7:7-8), pidiéndole la sabiduría que nos guie al encuentro de los cristianos verdaderos. (Santiago 1:5) Si así lo hacemos, seguramente seamos dirigidos a Su palabra, concretamente al Nuevo Testamento y los evangelios, el único lugar donde se recoge la vida y las enseñanzas de Jesús. 

Al leer los evangelios, notaremos que Jesús pronunció distintos y variados preceptos para que sus discípulos los observaran. Por ejemplo, les exhortó a reconciliarse con sus hermanos (Mateo 5:24); a amar a los enemigos (Mateo 5:24); a dejar de juzgar (Mateo 7:1); a pagar a César las cosas de César, pero a Dios las cosas de Dios (Mateo 22:21). Les advirtió de los deseos pecaminosos (Mateo 5:28); de los falsos profetas (Mateo 7:15-16); del peligroso apego a las riquezas (Mateo 6:24); de dejarse llevar por las inquietudes de la vida (Lucas 21:34-36). E incluso les dio mandatos implícitos, como el negarse a uno mismo (Mateo 16:24-25); o el hacer discípulos (Mateo 28:18-20). Pero entre todos los mandatos que Jesús dio a sus discípulos, destaca éste: 

Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (Juan 13:34 RV60) 

En ningún lugar de los evangelios encontramos un mandato tan claro y directo. Se trata de un mandamiento especial, un mandato nuevo: el amor entre ellos debía ser como el que Jesús les tuvo a ellos. Además, resaltando su importancia, Jesús lo repitió explícitamente en dos ocasiones más: 

Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado” (Juan 15:12 RV60) 

Esto os mando: Que os améis unos a otros” (Juan 15:17 RV60) 

Sin duda, se trata del mandamiento más importante de Jesús dirigido a sus discípulos.2 Pero alguien podría decir: ‘Ciertamente parece el mandato más importante, pero no fue el único; Jesús impartió otras muchas instrucciones; por lo tanto, los verdaderos cristianos deben cumplir con todas las enseñanzas de Jesús’. Sí, así es; el verdadero seguidor de Cristo ha de conocer y guardar sus enseñanzas: 

Jesús […] dijo: El que me ama, mi palabra guardará” (Juan 14:23 RV60) 

Pero, ¿Cuál es su palabra, sus enseñanzas? ¿Cómo las hemos de interpretar? Averiguar las respuestas a estas preguntas es algo fundamental para el cristiano; pero requiere un extenso proceso de aprendizaje; si, requiere bastante tiempo y dedicación. ¿Quiere decir esto que necesariamente hemos de aplazar la búsqueda de los verdaderos cristianos hasta conocer suficientemente la Biblia? Claro que no, Jesús se adelantó a esta situación, y dijo algo que nos ahorra mucho camino: 

En esto conocerán todos que sois mis discípulos…” (Juan 13:35 LBA) 

Al decir esto, Jesús ya estaba prediciendo la necesidad que muchos tendrían de conocer a sus verdaderos discípulos. Él bien sabía que después de su muerte, éstos se multiplicarían hasta llenar la tierra con su predicación (Mateo 24:14); pero esa gran expansión estaría mayoritariamente compuesta por muchos seguidores falsos. (Mateo 7:21) Por eso vio necesario revelar una señal, la marca de sus verdaderos discípulos: 

“…, si os tenéis amor los unos a los otros” (Juan 13:35 LBA) 

El amor entre unos y otros. Esta es la marca, la prueba sobresaliente de los auténticos discípulos de Jesús, los que diligentemente aprenden y observan sus enseñanzas, los que se esfuerzan sin excusas en seguir sus pisadas, aquellos que toman en serio sus mandamientos; donde precisamente, el mayor de todos es AMARSE UNOS A OTROS (Juan 15:12) 

En ninguna parte de la Biblia encontramos declaración tan explícita y concluyente que identifique a los verdaderos discípulos de Jesús. No hay otra afirmación que rivalice en importancia en este sentido. Y puede ser llamativo, pero Jesús no destacó ningún otro tipo de cosas, como la antigüedad de la institución, o el poseer el mayor número de feligreses, o la observancia de algún día en particular, o la predicación por todo el mundo. Ni tan siquiera se refirió a las manifestaciones del espíritu santo, o incluso llevar una vida aceptablemente moral; y ni mucho menos, a la adquisición de conocimiento bíblico. No, los cristianos serían conocidos por algo mucho más simple, más sencillo, de naturaleza humilde y natural: solo por el amor que se tuvieran entre sí

Lo cierto es, que si lo meditamos un poco, Jesús no pudo dar mejor señal para identificar el cristianismo verdadero: todos podemos reconocer el verdadero amor, todos estamos en igualdad de condiciones para desarrollarlo y expresarlo3; porque amar a otros de la manera como lo hizo Jesús, no depende de factores externos, como el estatus social, la situación económica, la educación académica, la belleza física, etc. etc.; solo depende de nuestra voluntad, de lo que somos y lo que queremos ser; de ejercer nuestro libre albedrío y tomar la decisión de seguir el ejemplo amoroso que Jesús nos puso. 

Así que, si estamos buscando a los verdaderos discípulos de Jesús, no perdamos el tiempo en debates doctrinales; Jesús ya dijo en qué debemos fijarnos:  

En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros” (Juan 13:35 LBA) 

Por lo tanto, la única cuestión es: ¿Quiénes son los cristianos que realmente se aman unos a otros?




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1 Bajo el término "cristiano", el diccionario Wine comenta: "Palabra formada siguiendo el estilo romano, significando un seguidor de Jesús. Los gentiles la aplicaron por primera vez a los tales, y se halla en Hechos 11:26; 26:28; 1 Pedro 4:16.

Aunque la expresión traducida «se les llamó» en Hechos 11:26 se podría usar en el original indistintamente de un nombre adoptado por uno mismo o dado por otros, no parece que los cristianos lo adoptaran de sí mismos en la época de los apóstoles. En 1 Pedro 4:16, el apóstol está hablando desde el punto de vista del perseguidor; cf. «como ladrón», o «como homicida». Tampoco es probable que este apelativo fuera aplicado por los judíos. Aplicado por parte de los gentiles, es indudable que había en ello una implicación de escarnio, como en la afirmación de Agripa en Hechos 26:28. Tácito, que escribía a fines del primer siglo, dice, «El vulgo les llama cristianos. El autor u originador de esta denominación, Cristus, fue, en el reinado de Tiberio, ejecutado por el procurador Poncio Pilato» (Anales xv. 44). Desde el segundo siglo en adelante, el término fue aceptado por los creyentes como un título de honra." 

2 “Él le dijo: “‘Tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente’. Este es el más grande y el primer mandamiento” (Mateo 22:37, 38) Este mandamiento es el más importante, pero no lo dio Jesús, sino que lo destacó del conjunto de mandamientos que Dios dio a Israel.
 
3 Puede ser que, por crianza familiar u otras circunstancias, hay personas que se les haga más difícil expresar amor que a otras.


LBA: La Biblia de las Américas
RV60: Reina-Valera 1960




martes, 25 de abril de 2017

El Señor conoce a los suyos

"El Señor conoce a los que son suyos" (2 Timoteo 2:19)

¿Quiénes son conocidos por Dios? La opinión común es que se trata de los que creen y observan ciertas doctrinas religiosas, propias de alguna denominación. Pero lo cierto es que pueden estar en cualquiera de las religiones humanas existentes (o en ninguna). Sin embargo, el Señor los conoce personalmente. ¿Cómo los reconoce? Dejemos que la Biblia hable:

"Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él" (1 Corintios 8:3)

"No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad" (Mateo 7:21-23)

Los que realmente aman a Dios son reconocidos por Él, y ese amor lo demuestran al hacer, no su propia voluntad, sino la voluntad de Dios, lo que incluye apartarse de la iniquidad. En contraste están los que se les llena la boca de alabanzas, pero no Le obedecen. A estos el Señor les dice: Nunca os conocí. ¿No es verdad que estos dos tipos de cristianos se encuentran en todas las iglesias? Así, no importa demasiado el grupo con el cual nos asociemos (si es que nos asociamos con alguno); sino, lo que de verdad importa es desarrollar una relación de amor obediente con Dios. Si así lo hacemos, estaremos entre Sus conocidos.