miércoles, 17 de mayo de 2017

¿Qué significa adorar (proskuneo)?

los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ésos son precisamente los adoradores que el Padre desea. Dios es espíritu; y los que lo adoran, tienen que adorarlo en espíritu y verdad.” (Juan 4:23-24 Biblia Serafín de Ausejo)

Cuando Jesús habla de adoración en estos versículos, el evangelista utiliza formas derivadas del término griego προσκυνέω, transliterado como proskuneo. A fin de conocer mejor el concepto de adoración, conviene considerar el origen y significado de proskuneo.

El término proskuneo se compone de pros, que significa “hacia”, y kuneo, que significa “besar”; es decir, besar a (hacia) alguien en señal de profunda reverencia. Entre los orientales, especialmente los persas, esta palabra designaba la costumbre de postrarse ante una persona y besar sus pies, el borde del vestido o el suelo. Este es el significado básico que transmite proskuneo en todos los versículos donde aparece en el Nuevo Testamento (VER NOTAS).

Así, dependiendo del contexto, proskuneo puede significar un simple acto de reverencia, de suplica, o de alabanza (Marcos 15:19; Mateo 18:26; Apocalipsis 13:4) En cambio, cuando se refiere a Dios, proskuneo siempre conlleva la idea de adoración. Este es el uso que Jesús le da en Juan 4:23-24, y en tal caso proskuneo transmite mucho más:

Es el reconocimiento directo de la grandeza de Dios expresado en alabanza y exaltación, pública o privada, que se Le ofrenda en razón de Su naturaleza divina, Sus atributos y Sus obras; y por todo lo que Él significa para sus adoradores. Es la plena aceptación de Sus propósitos y demandas, un profundo compromiso de obediencia manifestado en un servicio exclusivo, como indica Jesús: “escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás” (Mateo 4:10)

Así, se puede decir que es el reconocimiento expresado tanto en pensamiento, palabra y obra de su excelsa dignidad, entre otras razones… porque ha creado todas las cosas; porque por Su voluntad existen y fueron creadas; porque en Él “está la fuente de la vida”; porque son profundas las riquezas de Su sabiduría y Su conocimiento, y son indescifrables e impenetrables sus juicios y sus caminos; “porque desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad”; y porque ‘maravillosas son sus obras’ (Apocalipsis 4:10-11; Salmos 36:9; Romanos 11:33, 36; 1:20; Salmos 139:14)

Es Dios y solo Dios quien merece la adoración de todas sus criaturas (Mateo 4:10; Apocalipsis 19:10); y por esa razón, solo a Él corresponde determinar cómo hemos de adorarle. Hemos de saber que hay un tipo de adoración que Dios aprueba, pero hay también otras adoraciones que rechaza (Colosenses 2:18) Por lo tanto, si lo que nos importa de verdad es la opinión de Dios, querremos asegurarnos de cuál es la adoración que el Padre acepta de nosotros.



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NOTAS

Apariciones de proskuneo en el Nuevo Testamento:
Mateo 2:2, 8, 11; 4:9-10; 8:2; 9:18; 14:33; 15:25; 18:26; 20:20; 28:9, 17; Marcos 5:6; 15:19; Lucas 4:7-8; 24:52; Juan 4:20-24; 9:38; 12:20; Hechos 7:43; 8:27; 10:25; 24:11; 1 Corintios 14:25; Hebreos 1:6; 11:21; Apocalipsis 3:9; 4:10; 5:14; 7:11; 9:20; 11:1, 16; 13:4, 8, 12, 15; 14:7, 9, 11; 15:4; 16:2; 19:4, 10, 20; 20:4, 8-9.

Algunas definiciones de proskuneo:
- Hacer reverencia, dar obediencia a (de pros, hacia, y kuneo, besar). (Diccionario expositivo de palabras del Nuevo Testamento, de W. E. Vine)
- Significa besar (como el perro lame la mano del amo); abanicar o agazaparse a, i.e. (lit. o fig.) postrarse en homenaje (hacer reverencia a, adorar):— postrarse, reverencia, suplicar. (Diccionario Strong de Palabras Originales del Antiguo y Nuevo Testamento)
Doblar la rodilla, adorar. (Comentario al Texto Griego del Nuevo Testamento, de A.T. Robertson)
- Besar la mano a (hacia), una señal de reverencia... de aquí que entre los Orientales, especialmente los Persas, caer sobre las rodillas y tocar el piso con la frente como una expresión de profunda reverencia;... por esto en el N.T., por arrodillarse o postrarse para hacer homenaje (a uno) o hacer reverencia, ya sea para expresar respeto o para hacer súplica. (Léxico Griego-Inglés, de Joseph H. Thayer)
- Usado para designar la costumbre de postrarse uno mismo ante una persona y besar sus pies, el borde de su vestido, el piso, etc.; los Persas hicieron esto en la presencia de su rey deificado, y los Griegos ante una divinidad o algo santo; (caer y) adorar, hacer homenaje a, postrarse uno mismo ante, hacer reverencia, dar la bienvenida respetuosamente. (Léxico Griego-Inglés del N.T., de Arndt & Gingrich)
- (de kuneo, besar) rendir homenaje, hacer reverencia, adorar. (El manual Greek Lexicon of the New Testament, de G.Abbott- Smith)




domingo, 30 de abril de 2017

¿Quiénes son los discípulos de Jesús?

¿Le atrae la idea de encontrar y conocer cristianos verdaderos, personas que sinceramente desean seguir las enseñanzas y el ejemplo de Jesucristo? ¿Los hay? ¿Quiénes son y dónde están?
 
Si esta pregunta la hubiéramos hecho en el primer siglo, seguramente no hubiera tenido sentido. Para todos era evidente quienes eran los cristianos, era imposible llevarse a confusión, el cristianismo acababa de nacer, y todos estaban en un mismo espíritu y en una misma fe (Efesios 4:3-5); y por eso, todos eran conocidos bajo una única denominación: “cristianos”1 (Hechos 11:26); es decir, seguidores de Cristo.
 
Pero con el tiempo empezaron a emerger distintas posturas dentro del cristianismo, como los ebionitas, marcionistas, montanistas, tertulianistas, y una larga lista que se incrementó de forma extraordinaria a partir de la Reforma protestante, dando lugar a un sin fin de confesiones cristianas. De manera que la simple designación de “cristianos” ya no es suficiente, y se hace necesario utilizar distintos nombres para identificar a grupos de personas que se unen alrededor de un conjunto de creencias y prácticas religiosas que tienen a Jesús como fundamento. Así, entre las denominaciones cristianas más conocidas, tenemos a católicos, ortodoxos, luteranos, anglicanos, calvinistas, metodistas, bautistas, pentecostales, evangélicos, mormones, adventistas, testigos de Jehová, judíos mesiánicos… y un largo etcétera.
Esta pluralidad de denominaciones, donde cada una entiende el cristianismo de forma distinta, presenta un gran problema para las personas que sinceramente desean asociarse con los discípulos y seguidores de Jesús. ¿A quién creemos? ¿Quiénes son los verdaderos cristianos?  

Si creemos en Dios, lo mejor es acudir a Él para descubrir las respuestas. No dudemos en orarle con insistencia (Mateo 7:7-8), pidiéndole la sabiduría que nos guie al encuentro de los cristianos verdaderos. (Santiago 1:5) Si así lo hacemos, seguramente seamos dirigidos a Su palabra, concretamente al Nuevo Testamento y los evangelios, el único lugar donde se recoge la vida y las enseñanzas de Jesús. 

Al leer los evangelios, notaremos que Jesús pronunció distintos y variados preceptos para que sus discípulos los observaran. Por ejemplo, les exhortó a reconciliarse con sus hermanos (Mateo 5:24); a amar a los enemigos (Mateo 5:24); a dejar de juzgar (Mateo 7:1); a pagar a César las cosas de César, pero a Dios las cosas de Dios (Mateo 22:21). Les advirtió de los deseos pecaminosos (Mateo 5:28); de los falsos profetas (Mateo 7:15-16); del peligroso apego a las riquezas (Mateo 6:24); de dejarse llevar por las inquietudes de la vida (Lucas 21:34-36). E incluso les dio mandatos implícitos, como el negarse a uno mismo (Mateo 16:24-25); o el hacer discípulos (Mateo 28:18-20). Pero entre todos los mandatos que Jesús dio a sus discípulos, destaca éste: 

Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (Juan 13:34 RV60) 

En ningún lugar de los evangelios encontramos un mandato tan claro y directo. Se trata de un mandamiento especial, un mandato nuevo: el amor entre ellos debía ser como el que Jesús les tuvo a ellos. Además, resaltando su importancia, Jesús lo repitió explícitamente en dos ocasiones más: 

Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado” (Juan 15:12 RV60) 

Esto os mando: Que os améis unos a otros” (Juan 15:17 RV60) 

Sin duda, se trata del mandamiento más importante de Jesús dirigido a sus discípulos.2 Pero alguien podría decir: ‘Ciertamente parece el mandato más importante, pero no fue el único; Jesús impartió otras muchas instrucciones; por lo tanto, los verdaderos cristianos deben cumplir con todas las enseñanzas de Jesús’. Sí, así es; el verdadero seguidor de Cristo ha de conocer y guardar sus enseñanzas: 

Jesús […] dijo: El que me ama, mi palabra guardará” (Juan 14:23 RV60) 

Pero, ¿Cuál es su palabra, sus enseñanzas? ¿Cómo las hemos de interpretar? Averiguar las respuestas a estas preguntas es algo fundamental para el cristiano; pero requiere un extenso proceso de aprendizaje; si, requiere bastante tiempo y dedicación. ¿Quiere decir esto que necesariamente hemos de aplazar la búsqueda de los verdaderos cristianos hasta conocer suficientemente la Biblia? Claro que no, Jesús se adelantó a esta situación, y dijo algo que nos ahorra mucho camino: 

En esto conocerán todos que sois mis discípulos…” (Juan 13:35 LBA) 

Al decir esto, Jesús ya estaba prediciendo la necesidad que muchos tendrían de conocer a sus verdaderos discípulos. Él bien sabía que después de su muerte, éstos se multiplicarían hasta llenar la tierra con su predicación (Mateo 24:14); pero esa gran expansión estaría mayoritariamente compuesta por muchos seguidores falsos. (Mateo 7:21) Por eso vio necesario revelar una señal, la marca de sus verdaderos discípulos: 

“…, si os tenéis amor los unos a los otros” (Juan 13:35 LBA) 

El amor entre unos y otros. Esta es la marca, la prueba sobresaliente de los auténticos discípulos de Jesús, los que diligentemente aprenden y observan sus enseñanzas, los que se esfuerzan sin excusas en seguir sus pisadas, aquellos que toman en serio sus mandamientos; donde precisamente, el mayor de todos es AMARSE UNOS A OTROS (Juan 15:12) 

En ninguna parte de la Biblia encontramos declaración tan explícita y concluyente que identifique a los verdaderos discípulos de Jesús. No hay otra afirmación que rivalice en importancia en este sentido. Y puede ser llamativo, pero Jesús no destacó ningún otro tipo de cosas, como la antigüedad de la institución, o el poseer el mayor número de feligreses, o la observancia de algún día en particular, o la predicación por todo el mundo. Ni tan siquiera se refirió a las manifestaciones del espíritu santo, o incluso llevar una vida aceptablemente moral; y ni mucho menos, a la adquisición de conocimiento bíblico. No, los cristianos serían conocidos por algo mucho más simple, más sencillo, de naturaleza humilde y natural: solo por el amor que se tuvieran entre sí

Lo cierto es, que si lo meditamos un poco, Jesús no pudo dar mejor señal para identificar el cristianismo verdadero: todos podemos reconocer el verdadero amor, todos estamos en igualdad de condiciones para desarrollarlo y expresarlo3; porque amar a otros de la manera como lo hizo Jesús, no depende de factores externos, como el estatus social, la situación económica, la educación académica, la belleza física, etc. etc.; solo depende de nuestra voluntad, de lo que somos y lo que queremos ser; de ejercer nuestro libre albedrío y tomar la decisión de seguir el ejemplo amoroso que Jesús nos puso. 

Así que, si estamos buscando a los verdaderos discípulos de Jesús, no perdamos el tiempo en debates doctrinales; Jesús ya dijo en qué debemos fijarnos:  

En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros” (Juan 13:35 LBA) 

Por lo tanto, la única cuestión es: ¿Quiénes son los cristianos que realmente se aman unos a otros?




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1 Bajo el término "cristiano", el diccionario Wine comenta: "Palabra formada siguiendo el estilo romano, significando un seguidor de Jesús. Los gentiles la aplicaron por primera vez a los tales, y se halla en Hechos 11:26; 26:28; 1 Pedro 4:16.

Aunque la expresión traducida «se les llamó» en Hechos 11:26 se podría usar en el original indistintamente de un nombre adoptado por uno mismo o dado por otros, no parece que los cristianos lo adoptaran de sí mismos en la época de los apóstoles. En 1 Pedro 4:16, el apóstol está hablando desde el punto de vista del perseguidor; cf. «como ladrón», o «como homicida». Tampoco es probable que este apelativo fuera aplicado por los judíos. Aplicado por parte de los gentiles, es indudable que había en ello una implicación de escarnio, como en la afirmación de Agripa en Hechos 26:28. Tácito, que escribía a fines del primer siglo, dice, «El vulgo les llama cristianos. El autor u originador de esta denominación, Cristus, fue, en el reinado de Tiberio, ejecutado por el procurador Poncio Pilato» (Anales xv. 44). Desde el segundo siglo en adelante, el término fue aceptado por los creyentes como un título de honra." 

2 “Él le dijo: “‘Tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente’. Este es el más grande y el primer mandamiento” (Mateo 22:37, 38) Este mandamiento es el más importante, pero no lo dio Jesús, sino que lo destacó del conjunto de mandamientos que Dios dio a Israel.
 
3 Puede ser que, por crianza familiar u otras circunstancias, hay personas que se les haga más difícil expresar amor que a otras.


LBA: La Biblia de las Américas
RV60: Reina-Valera 1960




martes, 25 de abril de 2017

El Señor conoce a los suyos

"El Señor conoce a los que son suyos" (2 Timoteo 2:19)

¿Quiénes son conocidos por Dios? La opinión común es que se trata de los que creen y observan ciertas doctrinas religiosas, propias de alguna denominación. Pero lo cierto es que pueden estar en cualquiera de las religiones humanas existentes (o en ninguna). Sin embargo, el Señor los conoce personalmente. ¿Cómo los reconoce? Dejemos que la Biblia hable:

"Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él" (1 Corintios 8:3)

"No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad" (Mateo 7:21-23)

Los que realmente aman a Dios son reconocidos por Él, y ese amor lo demuestran al hacer, no su propia voluntad, sino la voluntad de Dios, lo que incluye apartarse de la iniquidad. En contraste están los que se les llena la boca de alabanzas, pero no Le obedecen. A estos el Señor les dice: Nunca os conocí. ¿No es verdad que estos dos tipos de cristianos se encuentran en todas las iglesias? Así, no importa demasiado el grupo con el cual nos asociemos (si es que nos asociamos con alguno); sino, lo que de verdad importa es desarrollar una relación de amor obediente con Dios. Si así lo hacemos, estaremos entre Sus conocidos.




jueves, 30 de marzo de 2017

¿Cuál es la verdadera adoración?

¿Cuál es la adoración o religión verdadera? Dentro de las discusiones más comentadas en foros religiosos, esta es probablemente la cuestión estrella, y siempre que se presenta, invariablemente surgen comentaristas que se posicionan en distintos bandos religiosos, pero todos con un mismo objetivo: demostrar que su denominación practica la verdadera adoración, la única reconocida por Dios.

Para ello, se suelen esgrimir distintos argumentos, como que la adoración verdadera hay que buscarla en la línea de sucesión de Pedro; o consiste en “nacer de nuevo”; o guardar los Diez Mandamientos; o predicar el reino y llevar el nombre de Dios; o hablar en lenguas, etc., etc. Sin embargo, cuando leemos el Nuevo Testamento, en ningún lugar encontramos que criterios de ese tipo definan la adoración verdadera. Lamentablemente, sucede que muchas denominaciones enfatizan aquellas creencias y prácticas que resaltan sus propias peculiaridades religiosas; a la vez que dejan casi en el olvido la clara enseñanza de la palabra de Dios.

Entonces, ¿en qué consiste la adoración verdadera? La respuesta la encontramos sólo en estas palabras de Jesús:

Pero llega la hora, y es el momento actual, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ésos son precisamente los adoradores que el Padre desea. Dios es espíritu; y los que lo adoran, tienen que adorarlo en espíritu y verdad.” (Juan 4:23-24 Biblia Serafín de Ausejo)

Por más que busquemos en la Biblia, no encontramos otro pasaje que explique cómo adoran los verdaderos adoradores. Sin duda, se trata del principal mensaje para determinar cómo quiere Dios que se Le adore. Para empezar notemos lo siguiente:

- Jesús repite enfáticamente que la única adoración que Dios acepta es “en espíritu y en verdad”.

- Al identificar a los verdaderos adoradores como los que adoran “en espíritu y en verdad”, también está significando que cualquier otro tipo de adoración no es verdadera.

- Es de destacar el interés que Dios muestra por los verdaderos adoradores. Son precisamente los adoradores “que el Padre desea”, o “que el Padre busca” (Biblia Nacar Colunga).

Dios desea y busca a Sus verdaderos adoradores. ¿Queremos ser uno de ellos? Si es así, tenemos la apasionante tarea de averiguar qué quiso decir Jesús con adorar “en espíritu y en verdad”. ¿Por dónde podemos empezar? Ante todo, pidamos a Dios en oración que nos ayude a adorarlo “en espíritu y en verdad”. Que este deseo sincero sea un asunto habitual en nuestras oraciones. Pero después hemos de permitir que Dios nos ayude ¿Cómo? Leamos Su palabra en la confianza que Dios nos enseñará. Comencemos por el Nuevo Testamento; y a medida que leamos, pongamos especial atención en todo aquello que nos ayude entender el significado de adorar en espíritu y en verdad.

Si Dios lo permite, es mi intención compartir en este blog lo que vaya averiguando, deseando recibir cualquier comentario que edifique en este propósito.

¡Qué Dios nos encuentre entre sus verdaderos adoradores!








jueves, 16 de marzo de 2017

Por qué recordar el pecado

Al leer las epístolas de Pablo, llama la atención que Pablo no tiene reparos en recordar una y otra vez su etapa como perseguidor de la iglesia de Cristo (Hechos 8.3; 1 Corintios 15.9; Gálatas 1.13 y 1 Timoteo 1.13) ¿Qué le motivaba a recordar repetidamente esos pecados? Conociendo a Pablo, podemos intuir que lo hacía al menos por algunas de estas razones:

Rememorar el sentimiento de indignación por ese pecado, le ayudaba a guardarse del orgullo. Le hacía sentir un profundo agradecimiento por quien tanto le perdonó; lo cual irresistiblemente se traducía en su amor creciente por Cristo, un amor que buscaba formas de expresarlo en su forma de vivir y servir. Finalmente, utilizaba su pecado como testimonio animador para otros (1 Timoteo 1:16) Aunque Pablo sabía muy bien que había sido perdonado, él no quería olvidar su pecado, no porque estuviera obsesionado, sino porque de esa manera perpetuaba en su corazón el gran amor que Cristo sentía por él.

Todos podemos extraer esos beneficios al recordar aquellos pecados que por su naturaleza y gravedad podrían hacernos sentir indignos de ser llamados cristianos. Si hemos tenido sincero arrepentimiento, hemos de estar seguros del perdón de Dios mediante la sangre redentora de Cristo. Pero es bueno que de vez en cuando traigamos nuestro pecado a la memoria. Es la mejor forma de recordar y agradecer en lo profundo de nuestro corazón la gracia de Dios de la que hemos sido objetos. Es una excelente manera de permanecer agradecidos a Cristo, y que esta gratitud genere amor por Él. Un amor que nos mueva a conocerle y obedecerle. Todo esto es posible cuando de manera humilde y sincera recordamos nuestro pecado.






martes, 31 de enero de 2017

La creación revela al Supremo Artista

Miremos este cuadro:

El cuadro es una obra de un prestigioso pintor; su dimensión es de 240 cm. x 120 cm. y su precio actual de subasta es de 140 millones de dólares.

Veamos esta puesta de sol:


Esta imagen recoge un instante natural, donde la luz del sol se une a los elementos del campo produciendo una imagen dinámica de esplendorosa belleza. La imagen original abarca decenas de kilómetros cuadrados y al contemplarla in situ la impresión que nos produce es la de vivir en el interior de una majestuosa obra de arte. ¿Su precio? Gratis. Su Autor nos ofrece una distinta cada día.

Contemplemos esta aurora boreal:



Imaginemos que nos hallamos presentes en el momento de producirse esta aurora boreal. Estaríamos ante un maravilloso espectáculo donde luces de colores danzarían por todo el cielo; y nosotros como espectadores, quedaríamos absorbidos por una mezcla de exaltación y fascinación, a la vez que intimidados ante tal imponente despliegue de belleza mágica. ¿Su precio? Gratis.

Lo anterior sólo son dos ejemplos; llevaría más de una vida considerar cómo Dios ha implantado su variado y exquisito gusto en un sinfín de originales diseños, formas y colores. Esto lo apreciamos en una increíble variedad de animales, insectos, flores e impresionantes y bellos paisajes.



Nada se puede comparar a las maravillosas expresiones artísticas que Dios exhibe en la naturaleza. Algo que quizá nos impida apreciarlo en su justa medida es la abundancia y frecuencia que son presentadas a nuestros ojos ¿Qué pasaría si las puestas de sol sucediesen sólo una vez al año? Probablemente sería un acontecimiento mediático de primer orden. Comparar la creación artística humana con la de Dios nos ilustra bien la diferencia entre precio y valor, y debe enseñarnos a saber valorar lo que es realmente valioso.

Así es, las obras de arte más maravillosas están producidas por Dios y son abundantes y gratuitas. Además, sabemos que el artista transmite en sus obras parte de su personalidad. De modo que, detrás de estas manifestaciones artísticas percibimos muchas de las cualidades de Dios, como: majestuosidad y gloria, perfección, imaginación, armonía, delicadeza, optimismo, etc., etc., etc.

¿Verdad que cuando lo meditamos sentimos admiración reverente hacia el Supremo Artista?



jueves, 19 de enero de 2017

Por qué la tribu de Leví fue especial

En Números 1:2 leemos lo siguiente:
"Tomad el censo de toda la congregación de los hijos de Israel por sus familias, por las casas de sus padres, con la cuenta de los nombres, todos los varones por sus cabezas"
Y así es, en los capítulos 1 al 3 de Números leemos como se toma la cuenta de los varones de Israel para diferentes propósitos. Ahora bien, al leer estos capítulos, habremos notado que al hacer el censo de Israel, se excluye a los varones de la tribu de Leví, ya que a éstos se les cuenta aparte. ¿Por qué se les excluye? Es más, ¿a qué se debe que la tribu de Leví tuvieran esa condición especial? La explicación la tenemos empezando en Éxodo 13:1,2. Cuando Jehová estaba sacando a Israel de Egipto les dijo:
"Jehová habló a Moisés, diciendo: Conságrame todo primogénito. Cualquiera que abre matriz entre los hijos de Israel, así de los hombres como de los animales, mío es"
En efecto, cuando Dios envió la última plaga todos los primogénitos de Egipto fueron muertos, a excepción de los primogénitos de Israel que Jehová salvó. Debido a eso, Dios consideró que estos primogénitos llegaron a ser suyos. Pero hizo un trueque como leemos en Números 3:11-13
"Habló además Jehová a Moisés, diciendo: He aquí, yo he tomado a los levitas de entre los hijos de Israel en lugar de todos los primogénitos, los primeros nacidos entre los hijos de Israel; serán, pues, míos los levitas.
Porque mío es todo primogénito; desde el día en que yo hice morir a todos los primogénitos en la tierra de Egipto, santifiqué para mí a todos los primogénitos en Israel, así de hombres como de animales; míos serán. Yo Jehová"
De manera que esa es la razón por la que Dios tomó a los levitas a su servicio en el tabernáculo y más adelante en el templo.