viernes, 7 de octubre de 2016

El rico y Lázaro

El relato de Lucas 16:19-31 dice:
19 Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez.
20 Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas,
21 y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.
22 Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado.
23 Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.
24 Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama.
25 Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado.
26 Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.
27 Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre,
28 porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento.
29 Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos.
30 Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán.
31 Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos.
Este relato suele ser utilizado para mostrar cuál es la condición de las personas después de morir, bajo la suposición de que toda la narración sucedió realmente. De esta manera, se intenta llegar a la conclusión de que después de morir, los injustos siguen estando conscientes y son castigados a sufrir un tormento de fuego. ¿Realmente es así?

Antes de nada, hay que advertir que en caso de ser ciertas, estas conclusiones estarían en franca contradicción con la enseñanza bíblica relativa al estado de los muertos, y que está sustentada por numerosos pasajes bíblicos. Por ejemplo, son abundantes las citas que muestran la total inconsciencia de los muertos. (Ver Salmos 6:5; 30:9; 88:10; 115:17; 146:4; Eclesiastés 9:5; 10; Isaías 38:18-19; Daniel 12:2.) Todavía más significativo es que hay más de 130 versículos que simplemente enseñan la inexistencia como el destino final de los inicuos. (Ver El destino de los inicuos)

Por eso, es imprescindible resolver si el relato del rico y Lázaro fue un suceso literal o más bien una parábola alegórica; es decir, un relato ficticio dirigido a transmitir una enseñanza.

SE TRATA DE UNA PARÁBOLA

El evangelio dice: "Con muchas parábolas como estas [Jesús] les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oír. y sin parábolas no les hablaba; aunque a sus discípulos en particular les declaraba todo" (Marcos 4:33-34; Ver también Mateo 13:34-35) Ese era el modo cómo Jesús acostumbraba a hablar a la gente, con parábolas. Sólo a sus discípulos cercanos Jesús “les declaraba todo”. Por eso, surge la pregunta: ¿A quienes dirigió Jesús el relato del rico y Lázaro?

El contexto ofrece la respuesta. El versículo 13 del mismo capítulo 16 concluye con estas palabras de Jesús: “No podéis servir a Dios y a las riquezas”; entonces los versículos 14 y 15 siguen diciendo: “Los fariseos, que eran amantes del dinero, oían todas estas cosas y se burlaban de El. Y El les dijo…”; y a partir de ahí, en todo el resto del capítulo Jesús se dirige a los fariseos. Es importante resaltar que Jesús  empieza a hablar a los fariseos en respuesta a la reacción burlona de ellos, debido a que eran amantes del dinero. Y este es un factor principal que luego examinaremos.

También es muy significativo la similitud con la parábola del mayordomo infiel, contenida en el mismo capítulo, y que empieza con estas palabras: “Había un hombre rico…” (Lucas 16:1); idéntica expresión que la utilizada al inicio del pasaje del rico y Lázaro: “Había un hombre rico…” (Lucas 16:19) Esto revela que ambos relatos comparten la condición de parábolas.

El mismo contenido del pasaje también impide verlo como relato verídico. De tomarse como relato literal sobre lo que sucede al morir, se ha de afrontar lo absurdo de estos elementos:

• Si los justos que mueren son llevados al seno de Abraham ¿Cómo tiene que ser de grande el pecho de Abraham para acoger a todos los justos que han muerto?

• Alguien que está constantemente quemándose ¿Está en condiciones sicológicas para mantener una conversación? ¿Dispone de suficiente saliva para hablar “dando voces”?


• Alguien que estuviera quemándose en medio de las llamas ¿Pediría a otro que con solo mojar la punta de su dedo refrescara su lengua? ¿No se evaporaría antes?


• ¿Un pecador que habita el infierno tiene acceso para hablar con personas justas como Abraham?


• Los que están en el paraíso y en el infierno ¿Pueden estar tan cerca como para verse y escucharse los unos a los otros?


• ¿Se puede calificar de paraíso un lugar donde los justos puedan ver y oír los gritos de dolor de millones de personas, sabiendo que entre ellos están conocidos y hasta familiares directos?


¿La utilización de nombres propios inválida que se trate de una parábola?

A veces, para intentar probar que no es una parábola, se dice que Jesús nunca utilizaba nombres propios en sus parábolas; y este es el único pasaje donde menciona por nombre a dos personajes: Abraham y Lázaro.
Antes de nada se ha de advertir que en ningún lugar de la Biblia se dice que Jesús no utilizaba nombres propios para contar sus parábolas. Pero, aunque se trate de una excepción, leyendo el pasaje se aprecia que está más que justificado. En el caso de Lázaro, la utilización de un nombre propio era para resaltar el hecho de que el rico tenía plena conciencia de la existencia de Lázaro, tanto que podía llamarlo por nombre (ver. 24) De este modo no podía alegar que no lo conocía. El hecho de nombrar a Abraham, responde a la creencia judía de aquel tiempo de que los judíos fieles estarían en el “seno de Abraham”.

LA RAZÓN DE LA PARÁBOLA

Sin embargo, al leer la parábola llama la atención la existencia de elementos extraños que no se muestran en ningún otro lugar de la Biblia. ¿Qué explicación tiene? En este sentido es muy pertinente y significativo lo que dice la enciclopedia católica online sobre la expresión “seno de Abraham”:
“Aparece en la parábola del hombre rico y Lázaro, cuyo lenguaje figurado claramente se extrae de las representaciones populares del mundo invisible de los muertos que eran corrientes en la época de Nuestro Señor. Según las concepciones judías de ese tiempo, las almas de los muertos se reunían en un lugar de espera general, el Seol de la literatura del Antiguo Testamento, y el Hades de los escritos del Nuevo Testamento”
Es decir, elementos que no aparecen en la Biblia, como que los ángeles transportan a los justos al seno de Abraham, que los muertos estén conscientes en el Hades, así como el sufrir algún tipo de tormento; todo esto es parte de un lenguaje figurado basado en representaciones populares y concepciones judías en aquel tiempo. Como bien dice Anastasios Kioulachoglou:

“En otras palabras: LO QUE EL SEÑOR USÓ EN ESTA HISTORIA, HABLANDOLE A LOS FARISEOS, FUE LO QUE LOS FARISEOS MISMOS CREÍAN QUE SUCEDÍA DESPUÉS DE LA MUERTE. Usó su la historia de los fariseos para pasar Su propio mensaje.

“Obviamente el hombre rico no había escuchado, es decir no había seguido, la Palabra de Dios, a Moisés y a los profetas y terminó atormentado. Era un rico injusto y sus riquezas no lo ayudaron a evitar el tormento. Por otro lado, el hombre pobre, aunque era pobre, era un hombre que siguió la Palabra de Dios, a Moisés y los Profetas, y por eso terminó en el Seno de Abraham. Y esto es exactamente lo que el Señor quería decir a esos fariseos. En Lucas 16:13 les dijo a los discípulos “no podéis servir a Dios y a las riquezas”. Luego Lucas 6:14 dice: “Y oían también todas estas cosas los fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él.” Esas personas eran avaras y no guardaban la Palabra de Dios, Moisés y los profetas. De hecho […], hacían que la Palabra de Dios no tuviera efecto. Aún así pensaban que de algún modo iban a ser salvos, lo cual de acuerdo a sus (falsas) tradiciones, significaba que después de la muerte irían al Seno de Abraham. Luego el Señor, usando sus propias armas, sus propias tradiciones, voltea a ellos y les cuenta una historia donde el pobre terminó en el Seno de Abraham porque guardaba la Palabra de Dios, pero el rico e injusto –como ellos– terminaron en tormento. Las riquezas no fueron suficientes para salvarlo de eso. Solo guardando la Palabra de Dios. Es una enseñanza para los fariseos codiciosos que en corto les dice: “no crean que las riquezas los va a salvar. Lo que los va a salvar es seguir la Palabra de Dios (Moisés y los Profetas)”. Para decirles eso, el Señor usó una de las formas más efectivas: su propio lenguaje, el de sus tradiciones sobre salvación y condenación.

“El Señor no intentó con esta historia dar un sermón de lo que pasa después de la muerte, como muchos han tomado sus palabras literales […]. Lo que el Señor hizo, fue dirigirse a los fariseos usando sus propias creencias sobre después de la muerte para decirles que lo que importa no son las riquezas sino guardar La Palabra de Dios. Usó su propio marco, sus propias creencias después de la muerte, para agregar su propia conclusión. Pudo haber escogido otro marco para decir lo mismo. Pero pocos dudarán que la manera más efectiva de hablarle a alguien es usando un lenguaje que le sea familiar. Y eso es lo que el Señor hizo: les habló usando su propia imagen de después de la muerte como marco, agregándole el mensaje que Él quería. Es muy triste que muchos hayan tomado este marco, esas creencias fariseas erróneas, y las hayan puesto como una doctrina sobre la muerte. Esto absolutamente no es más que una doctrina farisea” (Verdades Bíblicas por Anastasios Kioulachoglou)

Por lo tanto, resulta más que evidente que el relato del rico y Lázaro es una parábola alegórica dirigida expresamente a los fariseos. No se puede tomar como un relato literal y menos querer construir sobre él una doctrina tan importante como es el estado de los muertos y el destino de los inicuos; sobre todo, si contradice frontalmente la enseñanza que se muestra a través de toda la Biblia.




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