sábado, 14 de mayo de 2016

El infierno: lo más alejado del amor de Dios

Muchas instituciones religiosas siguen enseñando la existencia del infierno tradicional, como un lugar o estado donde los pecadores impenitentes son condenados a sufrir por toda la eternidad. Esto implica lo siguiente:
  1. Dios tuvo que tomar la decisión irrevocable de infringir sufrimiento a sus hijos desobedientes.
  2. Si se concibe el infierno como tormento físico, significaría que Dios ha de transformar la naturaleza física de los condenados, de manera que experimenten continuamente el dolor del fuego pero sin llegar a morir; es decir, Dios les privaría de la muerte como única salida a su eterna angustia.
  3. Sin importar el tiempo transcurrido, Dios jamás intervendrá para evitar el sufrimiento de sus propias criaturas.
En vista de estas implicaciones, es natural sentir que el castigo del infierno tradicional es por lo menos una reacción cruel y desmesurada, muy contraria a lo que se espera de un Dios amoroso. Por eso, conviene preguntarse: ¿Habla la Biblia de una divinidad cruel o de un Dios amoroso?

A través de sus páginas, la Biblia nos descubre la personalidad de Dios. Muchas veces declara las cualidades de Dios de forma explícita. Todavía en más ocasiones nos revela cómo es Dios a través de sus actos y tratos con la humanidad. Y por último, se manifiesta de forma absoluta a través de la conducta de su Hijo (Juan 14:9).

Empecemos examinando las declaraciones directas sobre la personalidad de Dios.

¿Cuántos pasajes bíblicos califican a Dios como alguien cruel?

…ninguno

¿Cuántos pasajes bíblicos califican a Dios como amoroso?

¡Muchísimos! Así lo comprobamos cuando leemos que Dios “es tardo a la cólera y rico en bondad” (Números 14:18); “que no deja de mostrar su bondad hacia los vivos y los muertos” (Rut 2:20); que “es bueno y ama a todos en el mundo” (Tito 3:4); que es “clemente y compasivo”  (Deuteronomio 4:31; 2 Crónicas 30:9; Nehemías 9:31; Salmos 116:5); “lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad” (Éxodo 34:6; Nehemías 9:17; Salmos 86:15); “rico en misericordia” (Efesios 2:4); y con “amor eterno” (1 Crónicas 16:41; 2 Crónicas 5:13)… y así podríamos encontrar multitud de referencias directas al amor de Dios.

Todavía es más significativo descubrir como la personalidad de Dios es revelada por sus tratos con la humanidad. Abundan los pasajes donde se comprueba la actitud misericordiosa de Dios. Por ejemplo, tenemos el siguiente pasaje que habla de la relación de Dios con los israelitas:

Ni siquiera cuando se hicieron un becerro de metal fundido y dijeron: “Este es tu Dios que te sacó de Egipto”, y cometieron grandes blasfemias, tú, en tu gran compasión, no los abandonaste en el desierto […]
Ellos obraron con soberbia y no escucharon tus mandamientos, sino que pecaron contra tus ordenanzas […] Sin embargo, tú los soportaste por muchos años, y los amonestaste con tu Espíritu por medio de tus profetas, pero no prestaron oído.
Entonces los entregaste en mano de los pueblos de estas tierras. Pero en tu gran compasión no los exterminaste ni los abandonaste, porque tú eres un Dios clemente y compasivo
” (Nehemías 9:18-19; 29-31).
Esta reacción desmiente la actitud inmisericorde que a Dios se le supone en la enseñanza del infierno.

Pero una verdad bíblica no se fundamenta en un único texto o pasaje, sino que ha de ser evidente por toda la Biblia. Por eso, es de destacar la abundancia de pasajes donde de manera explícita e implícita presentan el amor y la misericordia cómo rasgos intrínsecos e invariables de Dios. A continuación, vemos algunos de los más representativos:

La indulgencia a Manasés

Manasés, fue un rey que por muchos años pecó gravemente contra Dios: hizo altares en Jerusalén a dioses falsos, adoró a los cuerpos celestes, practicó la hechicería, la adivinación, la brujería y trató con médium y espiritistas; incluso, hizo pasar por el fuego a sus hijos; “ofendió tanto al Señor, que provocó su indignación” (2 Crónicas 33:2-7). Pero después que Dios lo castigara, Manasés “imploró al Señor su Dios, y se humilló grandemente”. Y “Dios se conmovió por su ruego, oyó su súplica y lo trajo de nuevo a Jerusalén” (2 Crónicas 33:12-13) Notemos que a pesar de sus muchas y graves ofensas, “Dios se conmovió por su ruego”. Una muestra de la indulgencia de Dios aún con aquellos que pecan gravemente contra Él.

La clemencia con Nínive

Debido a la maldad que existía en Nínive, Dios tuvo el propósito de arrasar esa gran ciudad (Jonás 1:2). Sin embargo, “Al ver Dios […] cómo se habían convertido de su mala conducta, tuvo compasión de ellos y no llevó a cabo el mal con el que los había amenazado” (Jonás 3:10)

Como dijo Jonás: “tú eres un Dios clemente y compasivo lento para la ira y rico en misericordia, y que te arrepientes del mal con que amenazas” (Jonás 4:2); o como dijo el profeta Joel: “él es compasivo y clemente, lento para la ira, abundante en misericordia, y se arrepiente de infligir el mal.” (Joel 2:13)

Un amor superior al de cualquier padre humano

Dios nos dotó con la facultad de amar, y cuando hablamos de amar, frecuentemente tomamos como ejemplo el amor que los padres tienen a sus hijos. Apoyándose en esta experiencia, Jesús nos da esta enseñanza:

¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:11-13) 
Jesús enseñó que sólo a Dios se le puede llamar Bueno (Marcos 10:18) Entendemos entonces que, comparativamente a los padres humanos se les califique como “malos”. De esto extraemos una importante lección: El amor paternal de Dios está muy por encima del que puede experimentar cualquier padre humano.

Ahora pensemos: ¿A qué padre normal se le ocurriría infringir un castigo de sufrimiento eterno, por muy depravada que haya sido la conducta del hijo? Si el amor de padres comparativamente “malos” les impide siquiera contemplar ese castigo ¿Cómo podemos imaginarle a nuestro Buen Padre celestial realizar semejante acción a cualquiera de sus hijos?

El paralítico de Betzatá

Veamos un caso donde de modo muy perceptible se muestra la compasión de Jesús. Se trata de la curación del paralítico de Betzatá:

Se encontraba un hombre inválido que llevaba enfermo treinta y ocho años. “Cuando Jesús lo vio acostado allí y supo que ya llevaba mucho tiempo en aquella condición, le dijo: ‘¿Quieres ser sano?’” Cuando el enfermo le respondió, “Jesús le dijo: ‘Levántate, toma tu camilla y anda.’ Al instante el hombre quedó sano, y tomó su camilla y comenzó a andar.”
Después de esto Jesús lo halló en el templo y le dijo: ‘Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te suceda algo peor.’” (Juan 5:5-9; 14)

Antes de considerar este relato, es conveniente notar que en casi todos los otros milagros, Jesús los hizo previa solicitud del propio enfermo o de sus familiares o amigos. Pero en este caso no. Este paralítico no le pidió que lo curara; de hecho, ni siquiera sabía que se trataba de Jesús. Fue cuando se enteró del mucho tiempo que llevaba paralítico, que Jesús tomó la iniciativa y le curó. ¿Qué le motivó a hacerlo? La compasión. Jesús no pudo tolerar la idea de que ese hombre siguiera en tal lamentable situación después de tanto tiempo, a pesar de que la causa de la enfermedad fue precisamente practicar el pecado; algo que se extrae de las palabras finales de Jesús: “no peques más, para que no te suceda algo peor”.


Ahora pensemos: Si Jesucristo no soportó que ese hombre siguiera afligido por 38 años ¿Podemos concebir que Dios esté impasible ante el sufrimiento eterno de sus criaturas? ¡Es inimaginable! Pero los defensores del infierno enseñan no sólo que Dios permite esa situación eternamente, sino que él lo ha decidido así ¿No es sencillamente aberrante atribuir a nuestro Buen Padre celestial semejante actuación?

El supremo acto de amor

Y tenemos el supremo acto de amor de Dios por la humanidad:

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16) Es tanto el amor que Dios siente por la humanidad, que demostró “su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8)

A fin de poder rescatar de la muerte a la humanidad obediente, Dios hizo un sacrificio que la mayoría de los padres no estarían dispuestos a hacer. Se separó de su Hijo unigénito para que viviera como hombre; y probándose fiel y sin pecado, se dejara asesinar en una muerte redentora. El motivo de este gran sacrificio no fue otro que el gran amor que tuvo por todo el mundo.
Alguien que nos demuestra su amor hasta ese punto ¿Va a ser capaz de obligar a alguien a sufrir por la eternidad?

Amar a Dios con todo el corazón

Los relatos bíblicos considerados tan solo son unos pocos ejemplos donde, sin ningún género de duda, se percibe la personalidad amorosa y compasiva de Dios. Después de considerarlos, se podría calificar de aberrante blasfemia siquiera insinuar que Dios decida y mantenga un lugar o estado, donde sus criaturas sufran por los siglos de los siglos sin posibilidad de remisión. Pero aparte de aberrante, la enseñanza del infierno tradicional es a toda luz contradictoria al más básico sentido común que Dios nos ha proporcionado. Para verlo, examinemos una declaración de Jesús, que con toda propiedad podríamos calificar como la esencia del cristianismo:

Cuando alguien le preguntó a Jesús cuál es el gran mandamiento de la Ley, Jesús contestó: “Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y primer mandamiento.”  (Mateo 22:27-38)

El amor es un sentimiento personal libre y espontáneo; y amar a alguien con todo el corazón y mente significa amarle sin reservas y sin temor. Solo podemos amar a Dios cuando lo conocemos y nos sentimos atraídos por Su amorosa personalidad; algo imposible si existiera un infierno de sufrimiento eterno, donde además, probablemente estarían algunos de nuestros familiares y conocidos.

Consideración final

Nos es muy familiar el hecho de compadecernos de alguien que está sufriendo una situación y está en nuestra mano ayudarle a salir de esa situación. Cuando nos sentimos impulsados a ayudar no consideramos si esa persona ha hecho méritos para merecer nuestra ayuda. Lo hacemos porque deseamos que salga de ese sufrimiento, sin más consideraciones. Es lo que pasa si vemos a alguien que ha sufrido un accidente. No le preguntamos por su historial, hacemos lo posible para ayudarle, bien llamado a los servicios de emergencia, bien aplicando primeros auxilios, etc. Hasta muchos están dispuestos a socorrer a los animales. ¿Podemos atrevernos a pensar que Dios tiene menos humanidad que nosotros, simples criaturas pecadoras?

Días después de morir Lázaro, su hermana María acudió a Jesús; y “Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. Jesús lloró” (Juan 11:33-35) Si Jesús expresó su viva compasión al conmoverse y llorar al ver el sufrimiento por perder a un ser querido ¿Cómo va a tolerar el sufrimiento eterno de cualquier criatura humana si está en su mano detenerlo?

Considerándolo todo, tenemos abundantes muestras del carácter amoroso y benévolo de Dios; y por supuesto, no hay nada que haga pensar en un dios vengativo y cruel capaz de enviar a sus criaturas a una situación de eterno sufrimiento.
Quizá esta información ya sea suficiente para rechazar la creencia del infierno; pero en cualquier caso, al menos debería servir para sentir la necesidad de replantearse seriamente una doctrina que afecta enormemente la concepción que tenemos sobre Dios.




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1 comentario :

  1. Estimado hermano, yo también pienso y siento como tú. Se me hace imposible creer en un infierno eterno....más bien creo que debe haber de hecho un castigo largo y expiatorio para los terribles pecadores que mueren en rebeldía, pero aún así, pienso que no es eterno. No me puede caber en la cabeza tal atrocidad....hay hermanas que dicen haber sido llevadas al infierno y haber visto a mujeres que tan sólo porque se maquillaban, estaban quemándose allí, y que de sus rostros salían gusanos y las devoraban. ¿Sólo por maquillarse? ¿Y quemándose por la eternidad solamente por eso? La verdad hermano, no me cabe en la cabeza, aunque sé perfectamente que al Señor no le gusta que sus hijas se maquillen, él nos quiere con nuestros rostros limpios y con una apariencia digna de mujeres que profesamos piedad....pero no en todas las iglesias cristianas predican contra el maquillaje, los pastores, y yo creo que en ese caso la culpa la tiene el pastor, que no ha sabido guiar a las hermanas conforme a la voluntad de Dios. ¿Entonces porqué ellas tendrían que pagar porque su pastor no les supo predicar y enseñar la sana doctrina? Hay tantos misterios, hermano, en realidad. Hace muchos años el Señor me mostró el infierno en visión, pero yo no vi fuego, lo que vi fue un largo camino lleno de lodo y árboles negros, como carbonizados...y habían demonios con cuerpo de hombre y rostro de cabra....también pude ver serpientes muy gruesas, como boas que tenían la piel como la del cocodrilo...eran espantosas y se arrastraban en un muro. Luego pude ver a un hombre debajo de un arbusto, siendo devorado por miles de hormigas. Esto fue lo único que el Señor me mostró, en una noche en que yo quise claudicar, y fueron visiones estando despierta. ¡Aterradoras! Con esto el Señor me estaba advirtiendo que me esperaba el infierno si me apartaba de sus caminos, entonces fue cuando yo arrepentida le pedí perdón y le juré que no me iría jamás de la iglesia, e inmediatamente esa visión horrenda se tornó en una visión del paraíso....un jardín inmenso con muchas flores, y muchas personas vestidas con túnicas blancas que caminaban allí apaciblemente. Nunca olvidaré esto hermano. Debe de haber algo de cierto en el asunto del infierno, tampoco podemos engañarnos, ya que Jesucristo nombra el infierno varias veces, y dice, que el el lugar donde el fuego nunca se apaga y el gusano nunca muere. Así que por si acaso, vivamos siempre en temor de Dios, haciendo lo que a él le agrada. Gracias mil por compartir este interesante informe. Un saludo y que Dios te bendiga siempre y su misericordia nunca se aparte de ti.

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