martes, 22 de diciembre de 2015

Breve introducción a la Biblia

Toda la Escritura es inspirada por Dios” (2 Timoteo 3:16)
Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21)
El Espíritu de Jehová ha hablado por mí, y su palabra ha estado en mi lengua” (2 Samuel 23:2)

Estos versículos extraídos de la Biblia sirven como una carta de presentación para la humanidad. En efecto, la Biblia misma declara que no es un simple libro escrito por hombres, sino la expresión escrita que Dios dirige a la humanidad. La Biblia no afirma ser escrita directamente por Dios; sino que, a través de hombres Dios expresa y hace registrar Su mensaje.

El hecho de que la Biblia se reconoce a sí misma como un libro divino es algo singular. Si de verdad se trata de un libro procedente de Dios entonces lo hace el libro más interesante de todos. Pero por tratarse de una afirmación tan significativa, es esencial acercarse y comprobar qué razones defienden esta afirmación.

A modo de introducción, tengamos en cuenta unos datos significativos:

• Con al menos 4.000 millones de ejemplares vendidos por todo el mundo, la Biblia es por mucho el libro de mayor distribución que ha habido nunca.

• Actualmente está traducida en parte o en su totalidad en más de 2.500 idiomas y dialectos. Debido a la globalización de los principales idiomas, esto significa que un 95% de la humanidad puede leer la Biblia.

Tratándose de un libro originado, dirigido y patrocinado por Dios, es de esperar que esté accesible a prácticamente todo el mundo; pero obviamente, eso no es suficiente.

Inspirada por Dios

La Biblia misma se autodefine como “inspirada por Dios” (2 Timoteo 3:16) Esta expresión se vierte de la palabra griega compuesta the·ó·pneu·stos, que literalmente significa “insuflada por Dios” y que comunica la idea de “soplar” o “transmitir” pensamientos de parte de Dios.

En repetidas ocasiones la Biblia especifica que esta inspiración vino dada a través del espíritu de Dios (2 Pedro 1:21; 2 Samuel 23:2) y de muchas maneras (Hebreos 1:1, 2) Así tenemos que en una ocasión Dios mismo proveyó los Diez Mandamientos en tablas de piedra (Éxodo  31:18), en otras ocasiones transmitió sus mensajes a modo de dictado (Éxodo 34:27), a través de sueños (Daniel 7:21), de visiones (Ezequiel 1:1) o por medio de ángeles (Hebreos 2:2)

A los hombres que escribieron bajo inspiración divina se les denomina profetas (Hebreos 1:1) En este sentido el término profeta no se limita al proclamador de profecías, sino a quien actuaba como portavoz de Dios. Muy a menudo cuando los profetas escribían bajo inspiración divina utilizaban expresiones inequívocas sobre el origen de sus escritos. Por ejemplo, se calcula que la frase “así dice Jehová” (Isaías 37:33) o similar aparece más de trescientas veces en el Antiguo Testamento.

También es digno de notar que cuando los escritores del Nuevo Testamento citan del Antiguo Testamento están reconociendo su autoría divina. Jesucristo mismo lo hizo en muchas ocasiones, por ejemplo, al responder a las tentaciones de Satanás:

“[Jesús] respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. […] Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. […] Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.” (Mateo 4:4-10)
También, cuando afirma que ni una jota de la ley (la letra más pequeña del alfabeto hebreo) quedaría sin cumplir, Jesús estaba reconociendo la inspiración de los libros de la Ley de Moisés (Mateo 5:18) En otra ocasión afirmó que la Escritura no podía ser quebrantada o nulificada (Juan 10:34,35), es decir, se tenía que cumplir; un reconocimiento implícito de su procedencia divina.

Jesús predijo que sus discípulos, al igual que los profetas del Antiguo Testamento, serían dirigidos por el espíritu santo que los guiaría a toda la verdad y les declararía el futuro.
Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir” (Juan 16:12, 13) 
Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26)

Gracias al espíritu santo tendrían el poder o la capacidad necesaria para testificar la verdad sobre Jesús, fuera verbalmente o por escrito.
pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8)

Los escritores del Nuevo Testamento también expresaron en bastantes ocasiones su reconocimiento a la inspiración de las Escrituras del Antiguo Testamento.
Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús” (Hechos 1:16)
Y como no estuviesen de acuerdo entre sí, al retirarse, les dijo Pablo esta palabra: Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo…” (Hechos 28:25)

Pero, al igual que los escritores del Antiguo Testamento, los del Nuevo Testamento atestiguaron que sus escritos provenían de Dios. Por ejemplo, Pablo presentó sus enseñanzas como inspiradas al decir:
Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor” (1 Corintios 14:37)
Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes” (1 Tesalonicenses 2:13)
Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios” (1 Timoteo 4:1)

Y el apóstol Pedro da fe de este hecho al asociar las cartas de Pablo a las demás Escrituras inspiradas cuando dice:
Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito,  casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición” (2 Pedro 3:15, 16)


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