miércoles, 13 de enero de 2016

La conquista de Babilonia por Ciro

Yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero.” (Isaías 46:9-10)
Se dice que los pronósticos son humanos, pero las profecías sólo proceden de Dios. Mientras que el ser humano a veces es capaz de pronosticar sucesos a corto plazo basándose en el rumbo de acontecimientos actuales; Dios puede ejercer su presciencia para saber sobre cualquier acontecimiento que tenga lugar en el futuro lejano. No sólo eso, sino que puede predeterminar el futuro, es decir, intervenir para que los sucesos se realicen según lo ha decidido. Estos dos factores hacen que sólo Dios tenga la facultad de profetizar, o dicho de otro modo, escribir la historia de antemano.

Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas.” (Amós 3:7)
Desde muy pronto, Jehová comunicó mensajes proféticos a sus profetas; y muchas de ellas quedaron registradas en la Biblia. El disponer de profecías cuyo cumplimiento ha sido confirmado por la historia seglar es una importante evidencia de la inspiración bíblica.

En este articulo consideramos una de las profecías más significativas cuyo cumplimiento ha sido atestiguado por varios historiadores antiguos: La conquista de Babilonia por Ciro.

Ciro conquista Babilonia
[Jehová] dice de Ciro: Es mi pastor, y cumplirá todo lo que yo quiero, al decir a Jerusalén: Serás edificada; y al templo: Serás fundado.” (Isaías 44:28)
Para el tiempo que el profeta Isaías escribió estas palabras, el reino de Judá gozaba de independencia y el templo de Jerusalén mantenía su esplendor. La potencia mundial dominante en aquel tiempo se llamaba Asiria. Sin embargo, debido al proceder de constante rebelión, el mismo Isaías y otros profetas de Jehová vaticinaron algo inimaginable: Babilonia causaría la destrucción de Jerusalén y su templo, y finalmente el destierro de los judíos. (Isaías 39:6, 7; Jeremías 25:9, 11) Fue en este contexto histórico que Isaías transmitió las palabras citadas. Habla de un tal Ciro que sería utilizado por Dios para reedificar Jerusalén y su templo.

Pero antes hemos de saber cuándo se dio esta profecía. Acudimos al testimonio del historiador del primer siglo Flavio Josefo; y por los datos que ofrece podemos determinar que el libro de Isaías se escribió allá por el año 749 a. C. Él mismo señala que “esto fue predicho por Isaías ciento cuarentas años antes de que el Templo fuera destruido.” (Antigüedades Judías, libro XI, capítulo I, sección 2) Es decir, 140 años antes de la destrucción de Jerusalén ¡ya se estaba profetizando su reconstrucción!

Pero sigamos, las profecías sobre Ciro y la conquista de Babilonia contienen varios rasgos que valen la pena examinar a la luz de la historia seglar. 
Así dice Jehová a su ungido, a Ciro, al cual tomé yo por su mano derecha, para sujetar naciones delante de él […] Por amor de mi siervo Jacob, y de Israel mi escogido, te llamé por tu nombre; te puse sobrenombre, aunque no me conociste. Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste” (Isaías 45:1-5)
Jehová Dios predice la existencia de Ciro mucho antes de que naciera. Lo llama “ungido” en el sentido de que lo ha nombrado para una comisión. La naturaleza de la comisión queda expuesta cuando Dios dice que ‘lo toma por su mano derecha para sujetar naciones delante de él’. Queda claro que el destino de Ciro sería gobernar naciones. Dios manejará los acontecimientos para que Ciro tenga éxito en sus conquistas, aún sin que el propio Ciro sea consciente de ello.

Ciro hace su aparición en 559 a. C. cuando sucede a su padre como rey de Anshan, ciudad vasalla del reino de Media. Su primera gran hazaña fue su rebelión y posterior conquista de Media, algo que consigue sin dificultad debido a la deserción de las tropas medas, tras recibir el apoyo del comandante del ejército medo. También veremos con qué facilidad triunfa sobre Babilonia. La sorprendente facilidad de estas y otras importantes conquistas hace pensar en la intervención de Dios.
Que llamo desde el oriente al ave, y de tierra lejana al varón de mi consejo. Yo hablé, y lo haré venir; lo he pensado, y también lo haré” (Isaías 46:11)
Teniendo en cuenta el contexto (Isaías 47:1-7), aquí a Ciro se le describe como un ave procedente de Persia, situada en la parte oriental de Babilonia. En muchas biblias se traduce “ave de rapiña”, lo que puede indicar la velocidad con que Ciro se lanza sobre la conquista de Babilonia.

 

El imperio Medo Persa tenía el águila como insignia principal. Los persas solían llevar un águila dorada en la punta de una lanza. (Ciropedia, Libro VII, 1.3)
Los valientes de Babilonia dejaron de pelear, se encerraron en sus fortalezas; les faltaron las fuerzas, se volvieron como mujeres” (Jeremías 51:30)
Cuando Ciro se dirige a Babilonia, antes de llegar a la ciudad, los babilonios le presentan batalla y, tras verse derrotados, abandonan la lucha y se encierran en la plaza fortificada. Gracias a sus altas murallas y los profundos fosos alimentados por el río Éufrates, la ciudad de Babilonia parece inexpugnable. El propio Ciro tras examinar la ciudad se encuentra perplejo, no sabiendo qué hacer para tomar al asalto unas murallas tan fuertes y elevadas. (Ciropedia, Libro VII, 5.7) En previsión de ser sitiados, los babilonios “cuidaron de tener abastecida la ciudad de víveres para muchos años”, Jenofonte dice que “para más de veinte años”; de modo que a los babilonios el sitio les tenía sin cuidado. (Los nueve libros de la Historia, Libro I, CXC;  Ciropedia, Libro VII, 5.13)
Que dice a las profundidades: Secaos, y tus ríos haré secar.” (Isaías 44:27)
Espada contra los caldeos, dice Jehová, y contra los moradores de Babilonia, contra sus príncipes y contra sus sabios […] Sequedad sobre sus aguas, y se secarán; porque es tierra de ídolos, y se entontecen con imágenes.” (Jeremías 50:35-38)
Los vados fueron tomados, y los baluartes quemados a fuego, y se consternaron los hombres de guerra.” (Jeremías 51:32)
Los profetas Isaías y Jeremías informan sobre la genial estrategia que servirá a Ciro para tomar la fortaleza de Babilonia: secar las aguas que atraviesan la ciudad. De esta forma, el gran obstáculo que representa el río lo convierte en un aliado para entrar en la ciudad.

Heródoto dice que Ciro tomó la decisión de desviar las aguas del río Éufrates hacia un lago artificial que había en las afueras de Babilonia. Con eso consiguió que el nivel del río bajara lo suficiente para que sus soldados pudieran avanzar a través del río  y penetrar hasta el centro de la ciudad. (Los nueve libros de la Historia, Libro I, CXCI)  Por su parte, Jenofonte dice que Ciro “abrió los fosos al río. Cuando esto estuvo hecho, el agua, en medio de la noche, discurría por los fosos, y el lecho del río que atravesaba la ciudad, era practicable para los hombres.” (Ciropedia, Libro VII, 5.15, 16)
Y embriagaré a sus príncipes y a sus sabios, a sus capitanes, a sus nobles y a sus fuertes; y dormirán sueño eterno y no despertarán, dice el Rey, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos.” (Jeremías 51:57)
El día de la conquista lo describe Heródoto como “un día de fiesta”, donde se “hallaban bailando y divirtiendo en sus convites y festines” (Los nueve libros de la Historia, Libro I, CXCI)

Jenofonte narra que “Ciro oyó que en Babilonia había una fiesta, en la cual todos los babilonios se pasaban la noche entera bebiendo y danzando.” Una vez que el rio se hizo transitable, Ciro dijo a los jefes de su ejército: “avanzamos contra ellos en un momento en que muchos de ellos duermen, muchos están borrachos y todos fuera de puesto; cuando se den cuenta de que nosotros estamos dentro, serán todavía mucho más inútiles que ahora, por el gran susto que van a llevarse.”  (Ciropedia, Libro VII, 5.15, 21)
Así dice Jehová a su ungido, a Ciro, al cual tomé yo […]; para abrir delante de él puertas, y las puertas no se cerrarán: Yo iré delante de ti, y enderezaré los lugares torcidos; quebrantaré puertas de bronce, y cerrojos de hierro haré pedazos.” (Isaías 45:1,2)
Para conquistar la ciudad no era suficiente secar el cauce del río, también era imprescindible que las puertas que daban al río estuvieran de algún modo accesibles.

Heródoto cuenta que si los babilonios se hubieran percatado de la presencia de los persas, habrían cerrado las puertas que miraban al río. Esto quiere decir que, -quizá por descuido o más probablemente por el estado general de embriaguez- sorprendentemente los babilonios habían dejado las puertas abiertas. El historiador también coincide sobre el material de las puertas, al decir que en el recinto de los muros había “cien puertas de bronce.” (Los nueve libros de la Historia, Libro I, CXCI, CLXXIX)
Te puse lazos, y fuiste tomada, oh Babilonia, y tú no lo supiste; fuiste hallada, y aun presa, porque provocaste a Jehová.” (Jeremías 50:24)
En un momento cayó Babilonia, y se despedazó; gemid sobre ella; tomad bálsamo para su dolor, quizá sane.” (Jeremías 51:8)
[…] Incendiadas están sus casas, rotos sus cerrojos. Correo se encontrará con correo, mensajero se encontrará con mensajero, para anunciar al rey de Babilonia que su ciudad es tomada por todas partes.” (Jeremías 51:30-31)
Que la ciudad más inexpugnable del aquel tiempo y que tanta seguridad ofrecía, hubiera de ser tomada “en un momento” parecía realmente increíble. La profecía incluso dice que sería tomada por todas partes sin que el rey se enterase, una declaración inaudita. ¿Sería posible?

Jenofonte relata que precisamente esa era la intención de Ciro: “avanzar ya, para que cojamos a los hombres de la ciudad lo más desprevenidos posible.” (Ciropedia, Libro VII, 5.25)

Heródoto dice que los babilonios fueron sorprendidos por los persas, de modo que mientras los que moraban en el perímetro de la ciudad ya habían sido hechos prisioneros, los que “vivían en el centro ignoraban absolutamente lo que pasaba, con motivo de la gran extensión del pueblo, y porque siendo además un día de fiesta, se hallaban bailando y divirtiendo en sus convites y festines, en los cuales continuaron hasta que del todo se vieron en poder del enemigo.” (Los nueve libros de la Historia, Libro I, CXCI)

Todo fue tan repentino que en aquella misma noche Belsasar, el rey de Babilonia fue muerto (Daniel 5:30) La conquista de Babilonia se realizó en un solo día. Jenofonte lo describe así: “Cuando se hizo de día y se dieron cuenta los que ocupaban la fortaleza, que la ciudad había sido tomada y que el rey había muerto, entregaron también la fortaleza.” (Ciropedia, Libro VII, 5.33)

Tan fácil fue la ocupación que en la inscripción del Cilindro de Ciro encontramos esta expresión: “Sin combate y sin lucha le permitió entrar en la ciudad de Babilonia.”
Yo, el que despierta la palabra de su siervo, y cumple el consejo de sus mensajeros; que dice a Jerusalén: Serás habitada; y a las ciudades de Judá: Reconstruidas serán, y sus ruinas reedificaré.” (Isaías 44:26) 
Yo lo desperté en justicia, y enderezaré todos sus caminos; él edificará mi ciudad, y soltará mis cautivos, no por precio ni por dones, dice Jehová de los ejércitos.” (Isaías 45:13)
Finalmente, Ciro cumple con el propósito que Dios tenía para él: hacer liberar a los cautivos judíos para que vuelvan a Judá y reconstruyan sus ciudades, a Jerusalén y a su templo (2 Crónicas 36:23 y Esdras 1:7, 8) Josefo confirma que así sucedió, cuenta que cuando le dieron a conocer la profecía referida a su persona, Ciro se quedó “admirado de la inspiración divina”, y “ansió cumplir lo que estaba escrito” en ella, de modo que “reunió a los más ilustres judíos que se encontraban en Babilonia y les dijo que los facultaba para que regresaran a su patria y reedificaran tanto Jerusalén como el Templo de Dios; además quería ayudarlos, y escribiría a los jefes y sátrapas de las regiones vecinas a la de los judíos, que les entregaran oro y plata para la construcción del Templo y ganado para los sacrificios.” (Antigüedades Judías, libro XI, capítulo I, sección 2)

Esto armoniza con la inscripción del Cilindro de Ciro que menciona la restauración de las ciudades sagradas y el regreso de los deportados a sus lugares de origen.
Esta manera de actuar con los pueblos sometidos es muy singular, sobre todo en aquel tiempo. En contraste con aquellos reyes contemporáneos y anteriores, que tan cruelmente trataban a los países conquistados, Ciro se manifestó como un gobernante justo y magnánimo, tratando a los pueblos vencidos con extraordinaria tolerancia, manteniendo sus instituciones y respetando sus sentimientos religiosos. Su forma de ser y de gobernar hizo que incluso historiadores de un pueblo conquistado (Heródoto y Jenofonte) lo tuvieran como el rey ideal. (Ciropedia, Libro I, 1.3; Libro VIII, 8.1) No en vano el Cilindro de Ciro es considerado como el primer documento de derechos humanos.

Cilindro de Ciro

Considerando estas cualidades, inéditas para un monarca de aquel tiempo y a pesar de no pertenecer al pueblo judío, se comprende bien que Dios le tuviera en alta distinción al elegirle mucho antes de su nacimiento, llamarle por su nombre y utilizarle para liberar a su pueblo y reconstruir Jerusalén y su templo.

A modo de resumen, podemos afirmar que la toma de Babilonia por Ciro contiene una sucesión de acontecimientos históricos por si solos extraordinarios:

· El nombre de quién casi doscientos años después sería conquistador de Babilonia y libertador del pueblo judío. (Isaías 44:28)

· La extraña “facilidad” con la que Ciro realizó la mayoría de sus conquistas importantes. (Isaías 45:1, 2)

· La asombrosa estrategia de “secar las aguas” del río para tomar la inexpugnable ciudad de Babilonia. (Jeremías 50:32, 35-38)

· La inexplicable conducta de los babilonios al decidir celebrar una gran fiesta cuando estaban sitiados por las fuerzas enemigas. (Jeremías 51:57)

· El sorprendente “descuido” de los babilonios al dejar abiertas las puertas que daban al cauce del río. (Isaías 45:1, 2)

· Lo que a priori parecía una empresa imposible, la conquista de Babilonia se realizó en una sola noche. (Jeremías 51:8)

· Que un rey de aquella época dejara en libertad a otros pueblos con el propósito de volver a sus lugares de origen y reedificar sus templos. (Isaías 44:26)

Si ya el cumplimiento de cada uno de estos rasgos proféticos por sí solos es algo sorprendente, la realización de todos ellos como parte de un mismo acontecimiento constituye una abrumadora evidencia del origen divino de esta profecía bíblica.

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Heródoto: Historiador y geógrafo griego que vivió entre el 484 y el 425 a. C. Se le considera el padre de la historia y es autor de la gran obra Historias también conocida como Los nueve libros de historia, primera descripción del mundo antiguo basada en la recopilación de tradiciones orales y hechos presenciales.

Jenofonte: Historiador y filósofo griego que vivió entre el 431 y el 354 a. C. Entre sus obras, por su interés bíblico destaca Ciropedia, obra de ocho libros calificada de ficción biográfica donde narra la vida de Ciro.

Flavio Josefo: Historiador judío que vivió entre el 37 y el 101 d. C. Sus obras más conocidas son: La guerra de los judíos y Antigüedades judías. Esta última consta de 20 libros y es una narración de la historia judía dirigida a lectores gentiles.


BIBLIOGRAFÍA
Heródoto. Los nueve libros de historia
Jenofonte. Ciropedia
Flavio Josefo. Antigüedades judías

BIBLIOGRAFÍA EN INTERNET
The British Museum
Bible Gateway


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